sábado, enero 30, 2010

Un descanso en la sombra

Me encuentro en una especie de oscuridad. Lo que tengo ante mí y hasta el viernes me impide ver la luz del sol. Aun así, a veces no puedo ni debo eludir mis responsabilidades laborales. Y esta mañana no ha sido menos. Y al regresar a casa, en la rotonda, los ojos se me van. A eso de las dos he desviado mi mirada e inevitablemente he sonreído. Mientras conducía de vuelta a casa he estado pensando en él.
Llevo horas sola en casa, lo que es de agradecer cuando tenía (y tengo) que hacer algo que requiere una concentración al máximo. El único que está conmigo es el perrito, que no me deja sola ni a sol ni a sombra. La casa estaba fría después de comer y, aunque he puesto inmediatamente la calefacción, he tenido que meterme bajo el edredón (entre la manta y el edredón, más bien). Tengo las manos heladas y nervios ante lo que ocurrirá el viernes.
Ayer me permití terminar el libro para no comenzar otro. Pero ese vacío puede conmigo. He comenzado otro, uno lleno de política e intriga, está escogido concienzudamente para que no me entren ganas de cogerlo. Realmente me estoy obligando a no hacerlo: es un libro de Mario Conde, sobre sus vivencias en la cárcel. Y yo siempre he admirado (y admiro) a este hombre, no ya tanto como empresario y/o abogado, sino como persona.
Reconozco que hoy tengo enormes ganas de salir de fiesta, pero también hoy tengo que reprimirlas. Es el último fin de semana (hasta mayo) que paso en la sombra. Es hora de regresar a lo mío.
Sólo me permito soñar de vez en cuando, y cuando sueño, sueño con...

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