
Hoy he tenido que correr. He estado conduciendo un buen rato, bajo los tímidos rayos de sol que han dado color a este día. Al pasar junto a una ermita solitaria cerca de Ochánduri me he imaginado que paraba el coche junto a las piedras solitarias y, como un lagarto, me quedaba mirando al sol.
Me he sentido libre.
Mientras conducía admiraba esa tierra que tanto quiero, a la que un día tanto eché de menos. Y me he sentido una privilegiada. Pero libre, libre al fin y al cabo.
Al regresar, el sol me daba en la cara y me ha parecido chocante llevar un gorro de lana que en ese momento me estorbaba y tener las gafas de sol en casa.
Amo demasiado esta tierra.
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