Lo que menos apetecía esta tarde era sumergirse en la infinita niebla que se extendía ante mis ojos, pero una llamada intempestiva ha venido a sacarme de los innumerables folios que parecían no acabar nunca (aunque ya los he terminado de leer). Y así, he tenido que coger el coche y marcharme como alma que lleva el diablo.
Como poco, me ha sorprendido un pensamiento en medio de esa nada blanquecina: ¿y si fuera a verle? No me resultaba difícil imaginar dónde podía estar. Sólo hubiera tenido que entrar a esa plaza y comprobar que estaba. Sólo que ha sido otro pensamiento que he desechado, como todos los que tengo en los últimos días.
Al final, he hecho lo que tenía que hacer, me he pasado por dos tiendas que estaban cerradas y he vuelto a mi casa, comprobando que, a medida que me acercaba a casa, la niebla era cada vez más espesa.
Quizás sea hora de ir a dormir. Me estoy mordiendo la lengua para no hablar de él.
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