viernes, enero 01, 2010

Propósitos de año nuevo

Siempre que empezamos algo nos llenamos de deseos, de expectativas, de objetivos. 2010 no va a ser menos, pese a que el uno de enero ha sido un día extraño y vacío.
Ayer me enteré de que el 17 de julio tenemos otra boda. Esperaron a Nochevieja para dar la noticia, aunque lo cierto es que, por mi parte, podría haberlo intuido. Mejor que no me lo esperara, así no podría descubrir la sorpresa.
No será 2010 el año que deje de fumar, aunque me lo estoy planteando. Al menos no será el uno de enero.
Me he pasado durmiendo casi todo el día, de ahí que me dé la sensación de no haber vivido hoy. Iba a ver la película de Che, el argentino, ahora que he conseguido la primera parte. Pero ni siquiera tenía cuerpo para levantarme de la cama, encender el ordenador y copiarla al pen. Así que, después de un rato, volvía a estar soñando.
Estoy evitando hablar de cierto tema. Incluso con respecto a él me he propuesto ciertas cosas, como la de mantenerme lejos. Cuando no sabes a qué atenerte, llega un momento en que no esperas nada. Me duele decirlo tan claro, pero es lo que hay. Todo viene y va, incluso los sentimientos.
El comienzo de año viene cargado de buenos deseos, nuevas ilusiones, grandes expectativas. Yo sólo he pedido un deseo para este año nuevo. Quizás sea el año en que me meta en un piso y/o me compre un coche, quizás sea el año en que encuentre el amor, quizás sea el año en que la Furia Roja, tras codearse con los mejores del mundo, se convierta en campeona... Puede ser el año de muchas cosas, lo que ocurre es que los propósitos de año nuevo terminan olvidándose enseguida, justo después de haberlos pronunciado.
Estoy grave físicamente. No es tanto resaca como el dolor de ovarios que unido al cansancio proveniente de la pasada noche parecen haber creado en mi interior una bomba de relojería a punto de explotar.
Creo que ayer volví a las siete. Ni siquiera esperé al desayuno de la chocolatería y todo porque, después de haberme 'perdido' varias veces, no me divertía en ningún sitio. Y eso que el humor va estrechamente unido a mi persona. Ayer conocí a una persona y la saludé de manera parecida a cuando Stanley se encontró en África con Livingstone, cuando se le había dado a éste por desaparecido (o muerto) después de muchos años sin tener noticias de él: "El Doctor Livingstone, supongo". Después de decir su nombre y felicitarle el año, tengo que decir que me cayó bien, aunque no tiene los ojos de su primo.
Mañana por la noche tenemos chuletada, para conmemorar la gran noticia de la boda que tendremos en julio. Son buenos amigos. Cuando digo que yo podía haberlo intuido es porque ella trabaja conmigo y me ha puesto sobre la pista en varias ocasiones, pero ni siquiera me lo había olido. Mejor, porque era la gran sorpresa de la noche.
Pregunté por F. Simple curiosidad. Me alegra saber que todo le va bien, pero siempre desde la perspectiva que me dan terceras personas. Un día quise sentir odio por él, pero no lo conseguí. No quería convertirme en un árbol que se iría pudriendo poco a poco. No puedo odiarle, porque pese a nuestras diferencias él es la única persona a la que he amado de verdad, pese a que me duela reconocerlo, ya mucho tiempo después. A veces me acuerdo de las acampadas en el monte, hace ya muchos años, del calor de aquella hoguera. No puedo decir que hoy se haya convertido en alguien indiferente para mí, pero sí ajeno a lo que es mi vida actual. Me alegro de que las cosas le vayan bien y no hay más. No siento nada bueno ni malo, no siento nada por esa persona que en cierto momento significó algo y, como todo, sólo son fragmentos de un pasado, condenados al olvido.
Olvidado aquel gran amor, mi corazón se abrió en 2009 para dejar entrar a otra persona y he llegado a querer de nuevo.
Es cierto que hoy existe otra persona a la que podría amar con mucha más intensidad, de la que podría enamorarme si se dieran las circunstancias idóneas. Y, con todo, me encuentro en una especie de encrucijada donde me tambaleo de manera constante. De todas formas, he decidido no dar un paso más en su dirección.
Después de haber dormido tantas horas es posible que esta noche me cueste pegar ojo. Siento que tengo el corazón en un puño. Veré una película, que últimamente me entra la somnolencia cuando veo películas.
Propósitos de año nuevo... la misma falacia del primer día del año todos los años.

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