
Los corrillos de la cafetería insinuaban nieve a primera hora de la mañana. Varias horas después, llovía compulsivamente, pero lo que caía era agua-nieve. Y hace el frío justo como para que nieve estos días. Cruzaré los dedos para que no nieve. La vez anterior se sentía en el ambiente que nevaría, que cualquier día podía amanecer cubierto todo de blanco. Pero esta vez... no se siente esa nieve tan cercana. Ojalá que no.
La nieve tiene una gran belleza, siempre que se observe -es mi opinión- de lejos, pero bien lejos.
Es hora de dormir, de soñar, de dejar volar la imaginación o, en todo caso, el subconsciente. Me siento pletórica, ¿por qué será...?
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