jueves, enero 28, 2010

La sobremesa

Se me ha escapado la hora. He ido a comer a las dos para no encontrarme con D., pero llevaba el peligro conmigo: un libro de novela negra que ya me tiene enganchada. No me he dado cuenta de la hora hasta que D. ha aparecido, interrumpiendo mi lectura. Yo tenía pensado irme antes de que él apareciera. Desde la barra, hay quien le ha dicho en voz alta: "Ahí la tienes, que preguntas por ella todos los días".
Lo primero que me ha preguntado ha sido: "¿Qué tal con tu churri?". No sé de dónde se ha sacado algo así, porque yo jamás le he dicho que tenga pareja. Como he comprendido que para mí era más cómodo no darle una extensa explicación para sacarle del error, he optado por ignorar su pregunta. Ha insistido. Y yo sólo por fastidiar he seguido ignorando sus preguntas. Al darse cuenta de que no iba a decirle nada me ha pedido que vaya algún día antes a desayunar. ¡Lo que me faltaba! Y le he respondido que mañana voy antes, un cuarto de hora antes de las ocho. Pero le ha parecido pronto. Tenía que ir al supermercado, pero me he liado. Quizás si no se hubiera alargado la conversación no me hubiera encontrado en la otra situación.
Al salir del bar, he observado las medias sonrisas de unos cuantos asiduos a la cafetería. Quizás lo que me comentó mi compañera no iba desencaminado. En todo caso, considero que el hecho de que D. pregunte por mí es algo que no tiene que ver conmigo, más que nada porque ya he dejado claro que todo lo que respecta a D. me resulta indiferente.

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