
Hoy venía a casa con una punzada de decepción. Tantos días, al marchar, me encuentro con su coche que hoy lo he buscado conscientemente. Pero no estaba, al menos donde siempre. Aunque no necesito nada que me lo recuerde para acordarme de él.
Hacía frío hoy, un frío glacial, una temperatura idónea para ver nieve cualquier día de éstos.
Me he enganchado a una novela que trata sobre la última dinastía de zares de Rusia. Y me queda poquísimo para acabarlo. No es la primera vez que leo algo sobre los Romanov, y en concreto sobre la posible hipótesis de que Anastasia huyera y escapara a la ejecución. Así que retomaré la lectura, quizás lo destripe por aquí en un rato.
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