lunes, enero 04, 2010

Así no se puede

No me gustaría que esto se convirtiera en un blog-diario en donde contar lo que hago y lo que dejo de hacer, pero hay jornadas en que es inevitable. Para empezar, sigo en la oficina. Más o menos me ha pasado como en Nochevieja, que cuando miré por primera vez el reloj eran las siete de la mañana. Esta tarde, cuando he mirado el reloj, eran las siete de la tarde. Se hace extraño no tener esos momentos de charla y risas con B., así que terminaré hablando con las paredes. Lo cierto es que he estado tan concentrada que se me ha pasado la tarde volando.
Y ahora, haciendo memoria, empiezo a recordar el día completo. Si empezaba a las nueve, he llegado un cuarto de hora más tarde, porque me he dormido. Se debe a que anoche me costó mucho dormir. La culpa es del perrito, que estaba roncando a mi lado, pero ¿cómo iba a echarle? Roncaba como un elefante, y eso que es pequeño. Le estoy malcriando, porque lleva muchas noches que me persigue en cuanto me voy a dormir y no puedo hacer nada porque si no se echa a llorar.
En el desayuno me he encontrado con alguien. He recordado Nochevieja y casi me atraganto con el cruasán. De paso, esa persona me ha recordado a alguien.
Sin quitarme el abrigo he ido a hacer algo por ahí, algo que tenía que hacer. Al volver, me he encontrado con otra persona y me ha respondido a la pregunta que le hice en Nochevieja. Pensaba que no me iba a reconocer después de darme a conocer con una peluca gris y unas ojeras de espanto (me maquillé genial, hasta me daba miedo a mí misma), pero sí que me ha reconocido. Me cae bien, porque es mogollón de simpática. Esto me ha llevado a pensar en la misma persona en quien he pensado a primera hora del día.
En el café ha ocurrido otro tanto, sólo que yo estaba inmersa en una conversación.
Cuando he cogido el coche a la una, me he encontrado con su coche de frente y le he sentido muy cercano. Y al volver he intentado no mirar y, para colmo, no he encontrado más sitios más que uno enfrente (parece ser que todo el mundo está comprando los regalos de Reyes). Después he estado en la peluquería, que no sé aún para qué he ido, porque el pelo se me humedece y riza con la niebla y doy más miedo que en Nochevieja. Al regresar he visto a otra persona que me ha llevado a pensar en la misma persona de las veces anteriores.

Hay tanto en la calle de él... ¿Qué diablos está ocurriendo? Yo no me quiero encontrar con nadie, así no me veré obligada a pensar en él, con todo lo que conlleva. Parece que las estrellas y los planetas se han alineado en mi contra para evitar que me olvide de él. Así no se puede.

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