lunes, enero 18, 2010

El río de la vida

Cuando querer a una persona te desborda, las dudas afloran al exterior. No sabes muy bien hacia dónde dirigirte, y al final lo dejas seguir, como un río, cuyas aguas fluyen raudas hacia el mar.
Es así, la vida es como un río, con sus piedras (u obstáculos), cuyas orillas discurren diferentes en cada lugar, a cuyo encuentro van todo tipo de personas, algunas de manera reiterada, otras una única vez para no volver jamás.
Y a veces, el río se divide en varios afluentes que corren paralelos un tramo, para no volver a unirse al caudal principal, o quizás alguno vuelva a su origen unos pasos más adelante.
El río de la vida, que tantas primaveras ve pasar, solitario y helado en época invernal, y nunca con las mismas aguas que el verano anterior. El río, cuyas aguas riegan la vida, que alientan a seguir, a mirar al frente. Algún día llegará al final.

Me dicen que estoy triste, pero no es así. Yo creo que me afecta el tiempo, pero después del invierno volverá otra primavera y, con ella, desaparecerá esta especie de melancolía. En invierno tiendo a sentirme algo apagada, pero eso no quiere decir que esté triste.
Siento que quiero a todo el mundo, y eso me hace esbozar una ligera sonrisa imperceptible. Es lo mismo que le dije a otra persona y esa persona es la única que sabe por qué.

Que el río de la vida fluya tranquilo, que se lleve lo negativo, pero que deje conmigo las cosas buenas que aporta la vida. Mañana sonreiré, porque no quiero que nadie vuelva a preguntarme si estoy triste. Pero no quiero que sea una sonrisa hipócrita. Sólo hay una imagen que me aporta enorme alegría cuando la traigo a mi mente, todo en cuestión de segundos. Tendré que dejar que fluyan todos esos pensamientos, libres, como si de un río se tratara...

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