
Lo que puede hacer un minuto en la vida de una persona... Esta tarde estoy hiperactiva. No he dicho en balde antes que ese encuentro con él ha servido para que renueve mis energías. Es una tarde de éstas en que sabes, piensas, sientes que nada puede salir mal.
Tengo muchos rincones en la memoria donde vive él, y paso mucho tiempo con él allí. Pero la memoria no es suficiente, no puede hacer de sustituta a un momento en que él está, aunque sea un encuentro relámpago como el de hoy. Ese cúmulo de sensaciones es insuperable por los recuerdos.
Estaba guapo. Sólo tengo que cerrar los ojos para rememorar los destellos de su barba al sol, barba que, por cierto, estaba perfecta: ni muy corta ni muy larga, como la primera vez que le vi. También acabo de recordar que he vuelto a desviar los ojos. Y no es porque le tenga nada que ocultar, sino por timidez. Algo que, viniendo de mí, es como poco extraordinario. Sólo me pasa con él. Aunque también es cierto que, de haber estado hablando más tiempo, esa timidez se hubiera ido atenuando hasta casi desaparecer e incluso me hubiera desaparecido el temblor en la voz.
Siento que me ha dado media vida... hasta la próxima vez.
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