martes, enero 16, 2018
Manos frías
Hoy también me he dejado los guantes y hace suficiente frío para que se me queden las manos heladas.
Dibujos e imanes en la nevera
Si mi sobrina sigue haciéndome dibujos no me va a quedar nevera para poner imanes.
Aunque luego viene la pequeña y empieza a coger los imanes para llevárselos.
Y es que lo primero que hacen cuando vienen a mi casa es ir a la nevera y reordenar los imanes.
Aunque luego viene la pequeña y empieza a coger los imanes para llevárselos.
Y es que lo primero que hacen cuando vienen a mi casa es ir a la nevera y reordenar los imanes.
Qué fue de la música
Hoy me apetecía escuchar un disco de The Cranberries y acabo de comprobar que me faltan muchos discos. Cuando hice la mudanza me preocupé más de los libros que de los discos. Se puede decir que he traído a mi casa un 80% de los libros; pero discos me faltan un montón. Empezando por el The Cranberries, pero también me falta U2 y los Rolling Stones.
Al menos he comprobado que tengo todos los discos de Joaquín Sabina, los Beatles y Queen. Podría vivir sin el resto.
Son discos originales, que en mi época universitaria me hice con una buena colección de música variada.
El sábado iré en busca de mis discos 'perdidos', que no están tan perdidos.
Al menos he comprobado que tengo todos los discos de Joaquín Sabina, los Beatles y Queen. Podría vivir sin el resto.
Son discos originales, que en mi época universitaria me hice con una buena colección de música variada.
El sábado iré en busca de mis discos 'perdidos', que no están tan perdidos.
Lo efímero

Al llegar a casa he pensado lo mucho que me apetece leer una historia de piratas, aunque yo creo que no tengo ninguna sin leer por aquí. De todas formas, me está gustando tanto la novela actual que no la cambiaré por ninguna otra historia.
Hoy es una de esas tardes que puedo dedicarme a leer durante unas horas, al menos hasta las siete.
Esta mañana pensaba en que ya estamos a mitad de mes y que no me he enterado de esas dos primeras semanas, como tampoco me he dado cuenta de lo rápido que se ha pasado la mañana.
En estos momentos tengo la mente saturada. Así que me toca hacer un paréntesis y qué mejor manera de hacerlo con una novela en las manos.
lunes, enero 15, 2018
Una mirada al mar
Hoy me he dado cuenta de que hace tiempo que no veo el mar. Demasiado tiempo. El mar me transmite una calma increíble. Adoro caminar descalza por la playa, hacer piruetas en el agua, pasar la lengua por los labios con sabor a sal.
La última vez que me fui al mar creo que fue a Gran Canaria. En el hotel me dijeron que me diera crema cada quince minutos si no quería quemarme, porque era muy blanca de piel y en Gran Canaria pega más fuerte el sol que en Tenerife. Lo primero que hice fue coger la toalla y dirigirme a la playa. El hotel era un laberinto que tenía de todo, pero en la Playa Meloneras no podía entrar porque tenía pedruscos gigantes. Así que me marché a Maspalomas y caminé por las dunas. La arena me quemó los pies y volví a ponerme cerca del agua.
Cuando visité Malta mi idea era también estar más en la playa que en cualquier otro sitio, pero me encontré con que la isla tenía pocos sitios de playa y muchos acantilados. No me extraña que hace siglos fuera un punto estratégico en medio del Mediterráneo.
Y hoy he tenido una conversación que me ha trasladado al mar. A veces tenemos conversaciones con personas que nos brindan una mirada límpida del mundo. Una mirada positiva. Una mirada risueña.
Espero que la próxima vez que vaya al mar no me encuentre con acantilados ni grandes pedruscos en la playa. Seguramente será Canarias.
Canarias... De pequeña odiaba Canarias, porque mis padres me decían que me habían "comprado" en Canarias, donde fueron de luna de miel. De pequeña pensaba que era adoptada, que realmente me habían traído de allí. Mi padre es así de guasón: "tú eres canaria". Así que cuando tuve la más mínima oportunidad he visitado Tenerife, la Gomera, Lanzarote, Fuerteventura y Gran Canaria. En ese orden. Todavía me quedan dos islas por conocer, pero creo que el Hierro es demasiado escarpado y la Palma, demasiado pequeña. Igual tengo que buscar otros sitios con microclima y playas paradisíacas. No me gusta repetir destinos.
Necesito ver el mar.
¿La pastilla azul o la pastilla roja?

Hay un momento clave en la primera película de Matrix, que nos lleva a pensar que la vida está llena de elecciones. Es ese instante en que Morfeo y Neo están sentados en sendos butacones y Morfeo le extiende las manos con las dos pastillas: "si eliges la pastilla azul, te despertarás en tu cama y aquí no habrá pasado nada; si eliges la roja te quedarás en el país de las maravillas y yo te enseñaré la madriguera del conejo; recuerda, que yo sólo te ofrezco la verdad". Es el momento en que el esclavo sale de la caverna, un magnífico guiño al mito platónico.
Tardé en ver la película de Matrix porque no me llamaba la atención. Sólo cuando una estudiante de Filosofía me dijo que era una película con un gran trasfondo filosófico, cuando ya había salido la segunda parte, decidí que tenía que verla, que todo el mundo hablaba de esa película y me picaba la curiosidad.
Me he acordado de esta película porque yo ahora me encuentro como Neo antes de elegir la pastilla roja. Porque tengo muchas preguntas y estoy sin respuestas. Y porque, en definitiva, la vida está llena de elecciones.
Yo ya sé que elegiría la pastilla roja. No podría quedarme con la duda.
Tarde de lunes
No hace mucho que he llegado a casa. A veces está bien llegar a casa y olvidarse de preocupaciones. Y esta tarde es lo que toca: disfrutar de la lectura, disfrutar del momento presente. Que mañana ya llegará...
domingo, enero 14, 2018
Esos instantes de paz
Adoro estos momentos previos a dormir, subyugada de silencio y con una buena novela en las manos.
No creo que dure mucho despierta, porque me siento agotada. Y ha sido por las niñas, no me importa, adoro estar con ellas.
Seguiré leyendo hasta que me entre el sueño.
No creo que dure mucho despierta, porque me siento agotada. Y ha sido por las niñas, no me importa, adoro estar con ellas.
Seguiré leyendo hasta que me entre el sueño.
A veces hay que morderse la lengua
Cuando menos te lo esperas sale a flote algo que creías que no estaba ahí. Algo que yo misma me propuse olvidar. Entonces es posible que aún cuando me mira es capaz de tocarme el alma. Ya no hay mariposas. Me terminó desgastando, me terminó enfadando, me terminé cansando. Pero que se agotara el amor no quiere decir nada, porque sus palabras me siguen haciendo cosquillas en el alma.
Quiero ser fuerte, pero a veces no reflexiono y el ímpetu me lleva a decirle que compartamos el paraguas bajo la lluvia y que tomemos un chocolate caliente. Y a los cinco minutos me doy cabezazos contra la pared porque no debería haberle dicho nada. Me pregunto por qué le he dicho nada. No se merece mis palabras, mi tiempo, ni mi atención.
Cuánto le quise y qué tarde más agridulce me queda hoy. Sólo por no frenar ese ímpetu.
Gracias a él dejé de creer en el amor, en los hombres y en cualquier acercamiento en general. Le dije adiós, pero a veces sigo diciéndole cosas que no debería decirle. Porque yo ya no siento por él lo que sentí entonces. Ya no.
Quiero ser fuerte, pero a veces no reflexiono y el ímpetu me lleva a decirle que compartamos el paraguas bajo la lluvia y que tomemos un chocolate caliente. Y a los cinco minutos me doy cabezazos contra la pared porque no debería haberle dicho nada. Me pregunto por qué le he dicho nada. No se merece mis palabras, mi tiempo, ni mi atención.
Cuánto le quise y qué tarde más agridulce me queda hoy. Sólo por no frenar ese ímpetu.
Gracias a él dejé de creer en el amor, en los hombres y en cualquier acercamiento en general. Le dije adiós, pero a veces sigo diciéndole cosas que no debería decirle. Porque yo ya no siento por él lo que sentí entonces. Ya no.
Por fin el silencio
Adoro estar con mis sobrinas, pero he de decir que me dejan agotada. Pues en cuanto me ven las dos quieren estar conmigo y no me dejan ni a sol ni a sombra. Si vamos caminando cada una se me colgará de un brazo y se olvidarán de sus padres, me tengo que sentar junto a las dos, saben perfectamente dónde tengo películas para que les ponga en el portátil, me engañan diciéndome que sus padres les dejan comer helados (y entonces escucho a mi cuñada a lo lejos diciendo que no les deja comer un helado), jugamos con las palabras y dibujamos. En cierto momento, sin yo decir nada, se han puesto a recoger las bolas del árbol de Navidad.
Y ahora que ha regresado el silencio ya las echo de menos.
Y ahora que ha regresado el silencio ya las echo de menos.
Dibujos
Mi sobrina Pau me ha llenado la casa de dibujos. Según ella, como me gustan los corazones, me dibuja muchos corazones, que yo misma le enseñé a hacerlos.
Cada vez que terminaba un dibujo me lo traía, mientras Andrea veía conmigo una película titulada "Copito de nieve" y sus padres me han usurpado el salón y veían otra película. Están encantados porque las niñas les dejan respirar mientras están conmigo. Nada más que me ven se me cuelga una de cada mano y adelante. En el restaurante me he tenido que sentar en medio y jugar con las dos.
Yo estoy encantada, claro.
Cada vez que terminaba un dibujo me lo traía, mientras Andrea veía conmigo una película titulada "Copito de nieve" y sus padres me han usurpado el salón y veían otra película. Están encantados porque las niñas les dejan respirar mientras están conmigo. Nada más que me ven se me cuelga una de cada mano y adelante. En el restaurante me he tenido que sentar en medio y jugar con las dos.
Yo estoy encantada, claro.
Profiteroles
Nunca suelo tomar postre, ni en casa ni cuando como fuera. Pero hay una excepción: cuando voy a un italiano. Entonces se me hace la boca agua con los profiteroles.
Y el Cola Cao que no falte
Mi cuñada me va a cortar la yugular en pedacitos y luego va a aliñar al pil pil cuando vea los Cola Caos.
Hay domingos que voy al único supermercado que se encuentra abierto hasta el mediodía. Y justamente hoy ya sé que comeré con mis pequeñas en un italiano. Pero antes se pasarán por mi casa. Y se llevarán los batidos de Cola Cao, es que además hay dos para cada una.
No me quiero imaginar la cara que me pondrá mi cuñada, me dirá algo como que las doy todos los caprichos, y a ellas, que no hay Cola Cao a la hora de comer.
Pero ya se sabe que los padres son los que educan, y los tíos maleducamos.
Hay domingos que voy al único supermercado que se encuentra abierto hasta el mediodía. Y justamente hoy ya sé que comeré con mis pequeñas en un italiano. Pero antes se pasarán por mi casa. Y se llevarán los batidos de Cola Cao, es que además hay dos para cada una.
No me quiero imaginar la cara que me pondrá mi cuñada, me dirá algo como que las doy todos los caprichos, y a ellas, que no hay Cola Cao a la hora de comer.
Pero ya se sabe que los padres son los que educan, y los tíos maleducamos.
Con una semana de retraso
Mis sobrinas me han dicho que ahora que ya han recogido sus regalos de los Reyes Magos, ya puedo recoger el árbol de Navidad. Les expliqué que si lo quitaba podían desaparecer los regalos porque los habían dejado unos reyes que hacen magia.
Se han lanzado a por los paquetes.
Y ya, por fin, puedo desmontar el árbol.
Se han lanzado a por los paquetes.
Y ya, por fin, puedo desmontar el árbol.
El destierro del Sombrerero Loco
Un fin de semana de abril me dejaron a mis sobrinas y vimos "Alicia en el País de las Maravillas" muchas veces. Tenía el portátil lleno de películas, pero sólo querían ver esa. Nos hacía gracia la Reina de Corazones, y yo en secreto estaba enamorada del Sombrerero Loco.
Así que los Reyes Magos no podían olvidarse de Alicia. Entre juegos de mesa y libros, han aparecido las figuras de la película y menos mal que había más paquetes... Porque Alicia le ha tocado a la mayor y estaba tan contenta; pero la pequeña no estaba conforme con el Sombrerero Loco y lo ha abandonado en mi casa. No sin antes llevarse un imán del frigo.
Y me han saqueado el joyero. Cada vez que vienen les hace tanta gracia que se empiezan a probar todo y terminan con collares y pulseras por todos los sitios.
Así que los Reyes Magos no podían olvidarse de Alicia. Entre juegos de mesa y libros, han aparecido las figuras de la película y menos mal que había más paquetes... Porque Alicia le ha tocado a la mayor y estaba tan contenta; pero la pequeña no estaba conforme con el Sombrerero Loco y lo ha abandonado en mi casa. No sin antes llevarse un imán del frigo.
Y me han saqueado el joyero. Cada vez que vienen les hace tanta gracia que se empiezan a probar todo y terminan con collares y pulseras por todos los sitios.
Reto "Nos gustan los clásicos" 2018

El año pasado me apunté a este reto y lo cumplí. Este año no iba a ser menos, sólo que en 2018, en vez de cinco clásicos, serán siete.
Un lector indiscreto, en su blog, nos vuelve a invitar a leer clásicos, esos libros que como él bien describe se leen durante generaciones y generaciones y que, de alguna manera, no pasan de moda.
Las instrucciones del reto se encuentran AQUÍ.
Mis clásicos para 2018:
1. La tempestad, de William Shakespeare
2. Desayuno en Tiffany's, de Truman Capote
3. Cuentos rebeldes, de Francis Scott Fitzgerald
4. Carmen, de Prosper Mérimée
5. Los Eduardianos, de Vita Sackville-West
6. Don Juan Tenorio, de José Zorrilla
7. El tragaluz, de Antonio Buero Vallejo
8. El doctor Zhivago, de Borís Pasternak
sábado, enero 13, 2018
La sustancia del mal
Lo que ocurre cuando no puedes parar de leer es que pierdes totalmente la noción del tiempo. Si anoche apenas había leído 50 páginas, hoy me he pulido las 400 restantes casi sin darme cuenta. Estas cosas pasan cuando la lectura engancha de una manera recalcitrante y cuando tenemos tiempo para poder dedicar a la lectura.
Cuando hace dos días me lo empezaba a leer, alguien en Instagram me dijo que no le había gustado. Y no necesito decir que a mí un libro que he "devorado" en dos días me ha fascinado de una manera magistral. Todavía estoy digiriendo la trama.
Población alpina junto a los Montes Dolomitas
La historia transcurre en la pequeña localidad alpina de Siebenhoch, una pequeña población en medio de un territorio hostil. Y es que antes de nada, hay que imaginarse la zona donde transcurre la trama: es un pequeño pueblo surtirolés, junto a los montes Dolomitas, en territorio italiano pero donde aún se pueden entrever las viejas rencillas entre alemanes e italianos, y con un cañón terrorífico que transcurre junto al río que le da nombre: el Bletterbach.
Bletterbach
Jeremiah Salinger es un guionista americano casada con una Annalise, una italiana con la que se casó y tuvo una hija, Clara, que cuenta con cinco años. De repente, deciden regresar a Siebenhoch, el pueblo que vio nacer a Annalise. Allí se reencuentran con Werter Mair, un hombre que en el pueblo se considera un héroe, viudo y que adora a su nieta, pero es un hombre cargado de secretos.
Salinger decide llamar a su socio Mike para grabar el trabajo diario del equipo de salvamento en las montañas, pero en uno de esos viajes Salinger salvará su vida por los pelos, lo que le causará un trauma. Cuando sale del hospital su esposa le pide un año sabático, mientras Mike vuelve a Estados Unidos para crear el documental.
Pero Salinger es periodista y no puede reprimir la curiosidad que le supone escuchar sesgos de una historia que ocurrió allí treinta años atrás, la masacre de Bletterbach. Salinger comienza a preguntar y comienza por su suegro, que le explica que el 28 de abril de 1985 tres jóvenes fueron encontrados asesinados en la montaña: Kurt, Evi y Markus, pero nunca se encontró al asesino que les troceó en medio de una tormenta regenerativa que llegó desde el mar Tirreno. Werter, el jefe Krün, el padre de Kurt y Günther fueron los hombres que encontraron a los jóvenes en medio del Bletterbach.
Salinger sabe que no puede seguir tirando de los hilos de esta historia, pues hizo una promesa a Annalise para no seguir investigando, pero aunque lo intenta, la curiosidad le anima a seguir preguntando un poco más. Comenzará a frecuentar el bar del pueblo, donde se hace amigo de dos ancianos, uno de ellos le dará varias pistas que no llevarán a nada. También Brigitte, la novia de Günther, se cruzará en su camino.
Salinger descubre que Kurt y Evi eran novios y que ella estudiaba Geología en la Universidad de Innsbruck, Kurt era socorrista en el pueblo pero se fue a vivir a Innsbruck con su novia. Markus era el hermano pequeño de Evi. Ese día los tres habían decidido acampar a las faldas del Bletterbach cuando llegó la tormenta regenerativa. Pero no estaban solos en la montaña...
Esa montaña tiene demasiados secretos y tenía que llegar Salinger para desenterrarlos después de treinta años...
Lo que me ha parecido curioso es que la población de este territorio hostil se encuentre tan abocada a la bebida, como si necesitaran el alcohol para hacer frente a la montaña, a las inclemencias del tiempo y a un territorio tan hostil.
Hago una mención especial a lo que el protagonista llama la Bestia, cuando él se encuentra entre la vida y la muerte y habla de esa Bestia cuando cree que va a ser engullido por la montaña. Esa Bestia con mayúsculas, que no es otra cosa que el terror que puede sentir una persona cuando se encuentra frente a frente con la magnificencia de una naturaleza hostil, y en cuando se da cuenta de lo insignificante que es el ser humano. La Bestia.
Me ha fascinado la historia. Aparte de que me ha enganchado, hay ciertos giros inesperados. Es que al final creo que abría mucho los ojos pensando si estaba leyendo lo que estaba leyendo...

Krampus
En cuanto al folclore alpino, me ha llamado la atención la figura de los Krampus, criaturas del folclore de los países alpinos. Según la leyenda, esta criatura demencial castiga a los niños malos durante la temporada de Navidad, en contraste con San Nicolás, que premia a los niños buenos con regalos. Se dice que el Krampus captura a los niños traviesos en su saco y se los lleva con él a las profundidades del infierno para devorarlos completamente.
El 6 de diciembre se celebra San Nicolás, y concretamente en la novela salen los Krampus disfrazados con sus pieles de oveja y sus cuernos, con máscaras, persiguen a los niños y crean el caos en el pueblo. Vienen para expulsar todo lo malo y son vigilados por el Krampusmeister para que no haya altercados. Un rato después el sacerdote aparece vestido de San Nicolás (de rojo y blanco, como Papá Noel) y se lleva a los Krampus que ya han recogido del pueblo todos los males.

Stube
Otra la de las cosas que me ha llamado la atención es la del Stube. En alemán 'Stube' significa 'estufa' y en las regiones alpinas también se llama así a una estancia que tiene una estufa central y donde todas las habitaciones se encuentran unidas (sin tabiques) y se esparcen alrededor de esa estufa central.
EL AUTOR:

Luca D'Andrea nació en 1979 en Bolzano, Italia, donde vive y trabaja como profesor. Tras escribir la trilogía juvenil Wunderkind, en 2013 fue guionista de la serie documental Mountain Heroes sobre el equipo de rescate alpino. Esta inspiró su primer thriller, La sustancia del mal, vendido a más de treinta países aun antes de su publicación y convertido en un fenómeno editorial sin precedentes. Publicado en Italia en 2016, entró directamente en la lista de más vendidos, está siendo traducido a treinta y cinco idiomas y será adaptado como serie de televisión internacional por los creadores de Gomorra.
EL LIBRO:
Título original: La sostanza del male
Autor: Luca D'Andrea
Traductor: Xavier González Rovira
Editorial: Alfaguara (1ª edición, en junio de 2017)
Número de páginas: 465
ISBN: 9788420426440
Valoración: 9/10
RETOS:
- Reto "Autores De la A a la Z", ocupando la A.
- Desafío Libros de Colores: Rojo.
- Reto Genérico: Thriller.
- Reto 100 libros.
Cuando hablan de la montaña

Valle de Benasque, Huesca
El colegio donde cursé BUP y COU nos inculcaba el amor a la montaña de una manera extraordinaria. Cada trimestre organizaba un viaje montañero de fin de semana donde nos perdíamos en un refugio de montaña. Y yo no me perdía esos viajes, sobre todo porque enseguida me di cuenta lo mucho que me gusta la montaña. Así conocí la Laguna Negra, Pancrudo, el San Lorenzo nevado, Monte Real y un montón de sitios más. Generalmente no sabíamos ni ubicar el refugio de montaña en cuestión, pero no importaba. Lo verdaderamente importante era pasar un fin de semana entero en la montaña, caminando sin parar, forjando relaciones, muchas veces con la mochila a cuestas, pisando nieve, siguiendo sendas forestales y cortafuegos. En verano organizaban diez días a la montaña, generalmente a Pirineos, y al terminar 3º de BUP nos apuntamos varias compañeras. Cambiamos los refugios invernales por tiendas de campaña, nos alojamos en un campamento junto a un río, en pleno valle junto al pueblo de Benasque, hicimos vivac, porque subir al Aneto no es cosa baladí y tuvimos que subir en dos jornadas, durmiendo una de ellas al aire libre. No he tocado la punta del Aneto porque teníamos expresamente prohibido acercarnos esos últimos 400 metros que nos separaban del pico, ya que aunque era verano había hielo en la cima.
Si leo un libro que habla de rutas de montaña, algo se me remueve dentro, una especie de nostalgia incontrolable, como si echara mucho de menos caminar por la montaña. Y hoy he recordado Pirineos.
Aquí hay un grupo de montaña al que he pensado en apuntarme, pero la mayor parte de los fines de semana no podría ir, así que no voy a comprometerme en un grupo donde voy a fallar más veces de las que iría de ruta.
Sigo pensando que mi amor por la montaña sigue intacto.
viernes, enero 12, 2018
Conversaciones

Hay conversaciones que se agotan en sí mismas y otras que no deseamos que terminen nunca, pues hay personas con las que hablamos y los temas de conversación nunca terminan.
Esta tarde me ha llamado una persona y ya desde el minuto uno estaba diciendo que esperaba otra llamada. Se me nota demasiado cuando no quiero hablar y estoy deseando colgar el teléfono. En realidad no esperaba otra llamada, sino que quería hacerla yo, aunque sabía que mi amiga V. no iba a responder por la situación traumática que está pasando en estos momentos. Así que me he dedicado a escribirle una gran parrafada animándola por whatsapp y hemos quedado en que mañana hablaríamos.
Es cierto que últimamente hablo con personas que me hacen sonreír en cada minuto de conversación. Y si hay personas así se merecen un mundo entero.
En estos momentos se me caen los párpados. Los viernes por la noche consiguen que me vaya a dormir con unas ganas inmensas. Debe ser el cansancio de toda la semana.
Cuando compras al revés

Con 18 años tenía el armario lleno de Levi's de todos los colores, hasta que me cansé y decidí que no compraría un Levi's más. No cumplí. Cuando hace cinco años estuve en Estados Unidos llené la maleta de Levi's, que todavía me duran. Porque yo no sé qué tienen esos pantalones que tardan en romperse.
Desde hace unos años prefiero los Pepe Jeans, lo que ocurre que se rompen antes, y cuando esta mañana se me ha roto otro vaquero, enseguida he pensado en reponerlo. Así que he pensado en comprar un vaquero normal y otro de color amarillo. Al final el amarillo lo he sustituido por un rosa palo. Había amarillos, pero he optado por el rosa, casi sin pensarlo.
No tengo muy claro si me terminaré arrepintiendo de haber comprado un pantalón de color rosa.
Estoy casi arrepintiéndome en estos momentos.
Un día demasiado largo
Hay días que el trabajo me sale por las orejas, pero ahora, cuando he llegado a casa, sólo me queda pensar en relajarme. Mis sobrinas vendrán el domingo a mi casa a por sus regalos de Reyes. Les expliqué que si quitaba el árbol de Navidad los regalos podían desaparecer y me pidieron que no quitara el árbol, así que aún tengo puesto el árbol de Navidad, una semana después.
Por lo demás, mañana nos habíamos propuesto ir a Olite, pero no sé si al final iremos. Tampoco me importa quedarme en casa y dedicarme a remolonear un poco, pues al fin y al cabo creo que me merezco un fin de semana de esos de pijama, manta y libro. De hecho, esos fines de semana invernales en que no tengo obligaciones me resultan gratificantes. Cuando pienso en el invierno recordar esos sábados sin complicaciones hace que el invierno no sea tan crudo. Generalmente me despierto pronto, desayuno y vuelvo a remolonear a la cama con un libro, ya imposible dormir después de desayunar, pero con un libro y tapada hasta la nariz.
Esos fines de semana que desprenden dulzura por todos los rincones...
jueves, enero 11, 2018
Calma
No me gusta ir a dormir con noticias tristes. Así que me he rodeado de esas cosas buenas y cotidianas que a mí me relajan: ponerme el pijama y escribir en pijama, tomarme un café (que no me afecta por las noches), mirar uno de los posavasos del Guernica (adquirido en el Museo Reina Sofía), un libro que me enganche (novela negra para contrastar con el tipo de narrativa anterior), y sólo me queda escuchar a Joaquín Sabina, pero si pongo Sabina tarareo sus canciones y no leo. Y lo que quiero es meterme de lleno en la historia.
Una triste noticia
Hoy he recibido una triste noticia, de esas que empañan un poco el día, de esas en las que te apetece estar cerca de la persona que en estos momentos lo está pasando mal. Una de mis mejores amigas acaba de tener un aborto, pero no es el primero, es que hace año y medio tuvo otro. Me entristece porque conozco la situación y sé lo ilusionados que están por ser papás.
Supongo que terminarán siendo papás pues cuando se pone mucha ilusión en algo al final siempre llega la recompensa. Pero sé que esto no se lo puedo decir así ahora y en estos momentos. Porque ella y su marido sólo ven en estos momentos la pérdida.
Es una noticia que no deja un buen sabor de boca.
Un perro
Lo cierto es que Alejandro Palomas es un buen narrador, aunque ahora, cuando le veo en la imagen de la solapa junto a su golden retriever, cuando leo sobre él y compruebo que vive en una casa en el campo, tengo que deducir que esta novela tiene mucho de autobiográfico. En sus páginas se destila una ternura inaudita, un amor intenso por los perros (que a mí me ha recordado a Yoguito) y una afinidad familiar bastante común. Porque lo que Palomas nos viene a retratar en la novela son las relaciones de una familia bastante común que vive un momento de espera estresante y esa espera, cargada de incertidumbre, les une y reúne a todos, y en esa reunión conocemos a todos y cada uno de los miembros de esa familia española tan común, a través de sus conversaciones y a través de sus recuerdos.
Toda la acción transcurre en menos de 24 horas, y al principio tiene lugar en una cafetería, aunque al final de la novela los personajes se mueven entre la vivienda de la madre y la clínica veterinaria.
Creo que tendré que leerme los anteriores, aunque sólo sea por las risas que ha suscitado la madre, la señora Amalia, una mujer que parece que se le va la pinza y que hace cosas sin sentido -yo creo que un poco para llamar la atención de unos hijos que ya dejaron el nido y que no le hacen mucho caso-, aunque termina demostrando que es la más lúcida de todos y que tiene la cabeza muy bien amueblada.
Fer se encuentra en una cafetería esperando una llamada que no llega. Las horas pasan lentamente cuando aparece su madre, la señora Amalia. Ella, con ese instinto maternal, ha adivinado que a Fer le ocurre algo, así que ha decidido seguirle hasta la cafetería. Y allí le pregunta por el perro, por R, que es justo la única pregunta a la que Fer no quiere contestar. Su madre aprovecha varias ocasiones para ir al baño con el móvil y avisar a Silvia y Emma, sus otras dos hijas, al comprender que la situación en la que se encuentra Fer es una situación de emergencia.
Su madre siempre va acompañada de su perrita Shirley, que en esos momentos reposa en su regazo. Y Fer explica que espera una llamada de la clínica veterinaria donde están operando a R, su golden retriever, que ha sido atropellado por un coche. Comprendemos la relación especial que tienen dueño y perro, cuando la señora Amalia dejó en la terraza de su hijo a ese perrito cuando Fer perdió a su anterior perro, un gran danés de nombre Max. Fer no quiso acercarse a R porque seguía sintiendo la pérdida de Max y ni siquiera le puso un nombre.
Será su madre la que le impulse a ponerle un nombre antes de saber si R sobrevive o no. Y el lector, junto a Fer, vivirá esos momentos de tensión, ese "que llegue ya mañana y que sean buenas noticias".
Hay un gran amor a los perros en estas páginas, una ternura infinita... Casi que me dan ganas de echarme un perrito de nuevo. Pero me pasa como a Fer al principio de la novela, que aún me cuesta superar la pérdida y que aún me estremezco cuando pienso en Yoguito. Y eso que ya han pasado unos años. Sin duda, lo que no me permite echarme un perro es que te terminas encariñando tanto que la pérdida es muy dolorosa. Quien haya tenido perro me entenderá perfectamente.
EL AUTOR:
Alejandro Palomas (Barcelona, 1967) es licenciado en Filología Inglesa y máster en poética por el New College de San Francisco. Ha colaborado en varios periódicos y ha traducido a autores como Katherine Mansfield, Françoise Sagan o Jack London. Es autor de poesía y de las novelas El tiempo del corazón (Nuevo Talento FNAC 2002), El secreto de los Hoffman (2008, llevada al teatro un año después), El tiempo que nos une (2011), El alma del mundo (finalista del Premio Primavera de Novela 2011) y Agua cerrada (2012). En 2015 publicó Un hijo y, un año antes, Una madre, donde aparecen los personajes que ahora retorna en Un perro. Su obra ha sido traducida a diez lenguas.
En 2018 le han otorgado el premio Nadal por Un amor, la novela que sigue a Una madre, Un hijo y Un perro (pero que se pueden leer independientes).
EL LIBRO:
Título original: Un perro
Autor: Alejandro Palomas
Editorial: Destino (1ª edición, enero de 2016)
Colección: Áncora y Delfín nº 1354
Número de páginas: 335
ISBN: 9788423350223
Valoración: 9/10
RETOS:
- Reto "Autores De la A a la Z", ocupando la P.
- Desafío Libros de Colores: Blanco.
- Reto 25 españoles.
- Reto Genérico: Novela familiar.
- Reto 100 libros.
Sin mirar el reloj
Un día me quité el reloj y ya no me lo volví a poner. En realidad se me cayó en el vestuario de las piscinas (era verano) y ya no quise reloj.
Ya pone la hora en el teléfono móvil. Porque muchas veces necesito anotar la hora.
Hoy... he salido de Ezcaray habiendo terminado todo lo que me había propuesto; eso significa que no tendré trabajo acumulado para el fin de semana, ese trabajo que a veces me traigo a casa.
Eran las tres de la tarde y me he pasado por el Lupa de Ezcaray, donde había más montones de nieve en todos los sitios.
Menos mal que ya no tengo que ir a Ezcaray hasta la próxima semana.
Ya pone la hora en el teléfono móvil. Porque muchas veces necesito anotar la hora.
Hoy... he salido de Ezcaray habiendo terminado todo lo que me había propuesto; eso significa que no tendré trabajo acumulado para el fin de semana, ese trabajo que a veces me traigo a casa.
Eran las tres de la tarde y me he pasado por el Lupa de Ezcaray, donde había más montones de nieve en todos los sitios.
Menos mal que ya no tengo que ir a Ezcaray hasta la próxima semana.
Ezcaray se viste de blanco
Una cosa es que a mí no me guste la nieve y otra cosa es que me haya tomado un café antes de la hora de café habitual sólo para pasear por sus calles.
Porque pese a todo, Ezcaray está bonito con y sin nieve.
Porque pese a todo, Ezcaray está bonito con y sin nieve.
Reto "Autores De la A a la Z" 2018
Un año más El Búho entre libros, Libros en el petate y Lecturápolis vuelven con el Reto "Autores De la A a la Z".
Se trata de ir completando el abecedario con los apellidos de los diferentes autores que nos vayamos leyendo a lo largo del año 2018, cogiendo la inicial de su apellido.
Como siempre, se excluyen las "letras especiales": Ch, Ll, Ñ, X e Y, por lo que se acota el abecedario a 24 letras.
- Atwood, Margaret, La semilla de la bruja
- Aragunde, Óscar, Cuando cuento "cuentos"
- Arrazola, Amaia, Wabi Sabi
-
B.
- Barceló, Elia, El color del silencio
- Baltimore, Jud, Déjame quererte
- Barceló, Elia, Las largas sombras
- Buchholz, Quint, El Libro de los Libros
- Bjørk, Samuel, Viajo sola
- Buero Vallejo, Antonio, El tragaluz
-
C.
- Carretero, Nacho, Fariña
- Castillo, Javier, El día que se perdió la cordura
- Castillo, Javier, El día que se perdió el amor
- Capote, Truman, Desayuno en Tiffany's
- Cognetti, Paolo, Las ocho montañas
- Casona, Alejandro, La sirena varada - Los árboles mueren de pie
-
D.
- Dicker, Joël, El tigre
- Dueñas, María, Las hijas del Capitán
- Davies, Carys, Oeste
- Dicker, Joël, La desaparición de Stephanie Mailer
-
E.
- Escobar, Mario, Canción de cuna de Auschwitz
-
F.
- Follett, Ken, Noche sobre las aguas
- Frisa, María, Cuídate de mí
- Fitzgerald, Francis Scott, Cuentos rebeldes
-
G.
- Gil, David B., El guerrero a la sombra del cerezo
- Grafton, Sue, E de evidencia
- Grafton, Sue, F de fugitivo
- Grandes, Almudena, Los pacientes del doctor García
- Garrido, Vicente y Abarca, Nieves, El beso de Tosca
- Grafton, Sue, G de guardaespaldas
- Grafton, Sue, H de homicidio
- Giesbert, Franz-Olivier, La cocinera de Himmler
- García Sáenz de Urturi, Eva, Los señores del tiempo
- García Bautista, Nieves, La conspiración de los idiotas
- Gorostidi, Juan de, El WhatsApp de padres
-
H.
Se trata de ir completando el abecedario con los apellidos de los diferentes autores que nos vayamos leyendo a lo largo del año 2018, cogiendo la inicial de su apellido.
Como siempre, se excluyen las "letras especiales": Ch, Ll, Ñ, X e Y, por lo que se acota el abecedario a 24 letras.
Las bases para participar se encuentran AQUÍ.
Mi abecedario:
A.
A.
- Andrea, Luca D', La sustancia del mal
- Atwood, Margaret, El cuento de la criada- Atwood, Margaret, La semilla de la bruja
- Aragunde, Óscar, Cuando cuento "cuentos"
- Arrazola, Amaia, Wabi Sabi
-
B.
- Barceló, Elia, El color del silencio
- Baltimore, Jud, Déjame quererte
- Barceló, Elia, Las largas sombras
- Buchholz, Quint, El Libro de los Libros
- Bjørk, Samuel, Viajo sola
- Buero Vallejo, Antonio, El tragaluz
-
C.
- Carretero, Nacho, Fariña
- Castillo, Javier, El día que se perdió la cordura
- Castillo, Javier, El día que se perdió el amor
- Capote, Truman, Desayuno en Tiffany's
- Cognetti, Paolo, Las ocho montañas
- Casona, Alejandro, La sirena varada - Los árboles mueren de pie
-
D.
- Dicker, Joël, El tigre
- Dueñas, María, Las hijas del Capitán
- Davies, Carys, Oeste
- Dicker, Joël, La desaparición de Stephanie Mailer
-
E.
- Escobar, Mario, Canción de cuna de Auschwitz
-
F.
- Follett, Ken, Noche sobre las aguas
- Frisa, María, Cuídate de mí
- Fitzgerald, Francis Scott, Cuentos rebeldes
-
G.
- Gil, David B., El guerrero a la sombra del cerezo
- Grafton, Sue, E de evidencia
- Grafton, Sue, F de fugitivo
- Grandes, Almudena, Los pacientes del doctor García
- Garrido, Vicente y Abarca, Nieves, El beso de Tosca
- Grafton, Sue, G de guardaespaldas
- Grafton, Sue, H de homicidio
- Giesbert, Franz-Olivier, La cocinera de Himmler
- García Sáenz de Urturi, Eva, Los señores del tiempo
- García Bautista, Nieves, La conspiración de los idiotas
- Gorostidi, Juan de, El WhatsApp de padres
-
H.
- Hannah, Kristin, Jardín de invierno
- Hosseini, Khaled, Y las montañas hablaron
- Hjort, Michael y Rosenfeldt, Hans, Castigos justificados
- Holden, Wendy, Nacidos en Mauthausen
- Haratischwili, Nino, La octava vida (para Brilka)
-
I.
- Ishiguro, Kazuo, Pálida luz en las colinas
- Ishiguro, Kazuo, Los restos del día
-
J.
-Jungstedt, Mari, Nadie lo ha visto
-
K.
- Kostova, Elizabeth, Tierra de sombras
- Kepler, Lars, El Cazador
- King, Stephen, Maleficio
-
L.
- Lemaitre, Pierre, Irène
- Lemaitre, Pierre, Alex
- Lemaitre, Pierre, Rosy & John
- Lemaitre, Pierre, Camille
- Lemaitre, Pierre, Vestido de novia
- López Rubio, Susana, El Encanto
- Leceaga, Alaitz, El bosque sabe tu nombre
- Leyshon, Nell, Del color de la leche
- Lemaitre, Pierre, Nos vemos allá arriba
-
M.
- Mazzetti, Lorenza, Con rabia
- Morillot, Juliette, Las orquídeas rojas de Shanghai
- Murakami, Haruki, La chica del cumpleaños
- Mackintosh, Clare, Te dejé ir
- Mackintosh, Clare, Te estoy viendo
- Murakami, Haruki, De qué hablo cuando hablo de escribir
- Magro Servet, Vicente, Te querré siempre para mí
- Mola, Carmen, La novia gitana
- Mairal, Pedro, Una noche con Sabrina Love
- Martin, George R.R., El caballero de los Siete Reinos
- Millás, Juan José, Que nadie duerma
- Mérimée, Prosper, Carmen
- Martínez de Lezea, Toti, La Brecha
- Murakami, Haruki, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
- Múgica, Daniel, Alba y los cazadores de arañas
- Miguel, Luna, El funeral de Lolita
- Moro, Javier, A flor de piel
-
N.
- Narla, Francisco, Laín el bastardo
- Navarro, Julia, Tú no matarás
-
O.
- Ortiz, Lourdes, El cascabel al gato
-
P.
- Hjort, Michael y Rosenfeldt, Hans, Castigos justificados
- Holden, Wendy, Nacidos en Mauthausen
- Haratischwili, Nino, La octava vida (para Brilka)
-
I.
- Ishiguro, Kazuo, Pálida luz en las colinas
- Ishiguro, Kazuo, Los restos del día
-
J.
-Jungstedt, Mari, Nadie lo ha visto
-
K.
- Kostova, Elizabeth, Tierra de sombras
- Kepler, Lars, El Cazador
- King, Stephen, Maleficio
-
L.
- Lemaitre, Pierre, Irène
- Lemaitre, Pierre, Alex
- Lemaitre, Pierre, Rosy & John
- Lemaitre, Pierre, Camille
- Lemaitre, Pierre, Vestido de novia
- López Rubio, Susana, El Encanto
- Leceaga, Alaitz, El bosque sabe tu nombre
- Leyshon, Nell, Del color de la leche
- Lemaitre, Pierre, Nos vemos allá arriba
-
M.
- Mazzetti, Lorenza, Con rabia
- Morillot, Juliette, Las orquídeas rojas de Shanghai
- Murakami, Haruki, La chica del cumpleaños
- Mackintosh, Clare, Te dejé ir
- Mackintosh, Clare, Te estoy viendo
- Murakami, Haruki, De qué hablo cuando hablo de escribir
- Magro Servet, Vicente, Te querré siempre para mí
- Mola, Carmen, La novia gitana
- Mairal, Pedro, Una noche con Sabrina Love
- Martin, George R.R., El caballero de los Siete Reinos
- Millás, Juan José, Que nadie duerma
- Mérimée, Prosper, Carmen
- Martínez de Lezea, Toti, La Brecha
- Murakami, Haruki, El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas
- Múgica, Daniel, Alba y los cazadores de arañas
- Miguel, Luna, El funeral de Lolita
- Moro, Javier, A flor de piel
-
N.
- Narla, Francisco, Laín el bastardo
- Navarro, Julia, Tú no matarás
-
O.
- Ortiz, Lourdes, El cascabel al gato
-
P.
- Palomas, Alejandro, Un perro
- Pérez-Reverte, Arturo, Los perros duros no bailan
- Pascual, Andrés, A merced de un dios salvaje
- Pietrantonio, Donatella di, La Retornada
- Pitcher, Annabel, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea
- Pérez-Reverte, Arturo, Sabotaje
- Pérez Gellida, César, Todo lo mejor
- Pasternak, Borís, El doctor Zhivago
-
Q.
R.
- Rosnay, Tatiana de, La llave de Sarah
- Roca, Paco, Arrugas
- Riso, Walter, Pizzería Vesubio
- Romero Dorr, Carmen, El último regalo de Paulina Hoffmann
- Rhodes, James, Instrumental
- Rodríguez Lezaun, Susana, Sin retorno
-
S.
- Shakespeare, William, La tempestad
- Sebold, Alice, Desde mi cielo
- Simoni, Marcello, La marca del inquisidor
- Sackville-West, Vita, Los Eduardianos
-
T.
- Thilliez, Franck, Latidos
- Thilliez, Franck, Pandemia
- Tudor, C.J., El Hombre de Tiza
- Thilliez, Franck, Sharko
- Tóibín, Colm, Brooklyn
- Trujillo Sanz, Fernando, Yo no la maté
- Turton, Stuart, Las siete muertes de Evelyn Hardcastle
-
U.
V.
- Vilas, Manuel, Ordesa
- Vázquez-Figueroa, Alberto, Bajamar
-
W.
- Whitehead, Colson, El ferrocarril subterráneo
- Ware, Ruth, La mujer del camarote 10
-
Z.
- Zorrilla, José, Don Juan Tenorio
-
LETRAS EXTRAS:
CH.
- Chaparro, Carme, No soy un monstruo
-
Ll.
- Lloret Marín, Gonzalo, Cacotenia
-Ñ.
X.
Y.
- Pascual, Andrés, A merced de un dios salvaje
- Pietrantonio, Donatella di, La Retornada
- Pitcher, Annabel, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea
- Pérez-Reverte, Arturo, Sabotaje
- Pérez Gellida, César, Todo lo mejor
- Pasternak, Borís, El doctor Zhivago
-
Q.
R.
- Rosnay, Tatiana de, La llave de Sarah
- Roca, Paco, Arrugas
- Riso, Walter, Pizzería Vesubio
- Romero Dorr, Carmen, El último regalo de Paulina Hoffmann
- Rhodes, James, Instrumental
- Rodríguez Lezaun, Susana, Sin retorno
-
S.
- Shakespeare, William, La tempestad
- Sebold, Alice, Desde mi cielo
- Simoni, Marcello, La marca del inquisidor
- Sackville-West, Vita, Los Eduardianos
-
T.
- Thilliez, Franck, Latidos
- Thilliez, Franck, Pandemia
- Tudor, C.J., El Hombre de Tiza
- Thilliez, Franck, Sharko
- Tóibín, Colm, Brooklyn
- Trujillo Sanz, Fernando, Yo no la maté
- Turton, Stuart, Las siete muertes de Evelyn Hardcastle
-
U.
V.
- Vilas, Manuel, Ordesa
- Vázquez-Figueroa, Alberto, Bajamar
-
W.
- Whitehead, Colson, El ferrocarril subterráneo
- Ware, Ruth, La mujer del camarote 10
-
Z.
- Zorrilla, José, Don Juan Tenorio
-
LETRAS EXTRAS:
CH.
- Chaparro, Carme, No soy un monstruo
-
Ll.
- Lloret Marín, Gonzalo, Cacotenia
-Ñ.
X.
Y.
Allí donde nieva de verdad...
La nieve y Ezcaray siempre van de la mano y yo hoy tenía que venir de cualquier forma. A la altura de Ojacastro he empezado a asustarme con tanta nieve acumulada a los lados de la carretera y en Ezcaray, que aunque han limpiado las calles la nieve sigue acumulada en las aceras, he tenido que dar varias vueltas para aparcar. Y mientras lo hacía me daba cuenta de que, en cierto modo, tanta nieve junta me asusta. Luego me dice la gente que cómo teniendo la estación de esquí tan cerca nunca he aprendido a esquiar. Que la razón es simple: es que no me gusta nada la nieve. Prefiero ver la nieve de lejos.
Llevo unos días preguntando cómo está Ezcaray, que sé lo que nevó aquí.
Al final, he llegado a mi destino, haré lo que tengo que hacer y me marcharé cuanto antes. Miro el cielo y no tiene pinta de nevar de momento, aunque el móvil me ha avisado de que me cubra que va a nevar.
miércoles, enero 10, 2018
Frío...
Durante media hora hoy he pasado un frío inaudito. No sé cómo dejo los guantes en casa, porque se me han terminado agarrotando las manos.
Mañana no puedo olvidar ni la bufanda ni los guantes, porque no quiero pasar tanto frío como esta tarde-noche.
Mañana no puedo olvidar ni la bufanda ni los guantes, porque no quiero pasar tanto frío como esta tarde-noche.
El colmo de los males
Llevo dos horas que debo estar algo patosa, aunque creo más bien que ando lenta de reflejos porque tengo dolor de cabeza desde la hora de comer. No soy una persona dada a los medicamentos, pero he tomado dos paracetamoles, y creo que me han dejado grogui.
Tanto como para abrir el lavavajillas por la esquina y cortarme en un dedo, mientras se me estaban friendo unos filetes en la sartén y olía a quemado mientras buscaba una tirita... momento en que el teléfono móvil no ha podido ser más inoportuno.
Era mi hermano, y yo explicándole que iba a cenar filetes chamuscados porque estaba sangrando mucho, aunque sé perfectamente dónde tengo todo y las tiritas infantiles han aparecido rápidamente.
Porque hubo una época en que yo tenía tiritas normales, hasta que un día una de mis sobrinas necesitó una tirita y me miró raro cuando vio que no tenían dibujos. Como hacen la misma función, decidí aprovisionarme de tiritas de dibujos.
Con lo de hoy ya he superado el cupo de torpezas. Claro que no me duele la cabeza pero sigo grogui.
Tanto como para abrir el lavavajillas por la esquina y cortarme en un dedo, mientras se me estaban friendo unos filetes en la sartén y olía a quemado mientras buscaba una tirita... momento en que el teléfono móvil no ha podido ser más inoportuno.
Era mi hermano, y yo explicándole que iba a cenar filetes chamuscados porque estaba sangrando mucho, aunque sé perfectamente dónde tengo todo y las tiritas infantiles han aparecido rápidamente.
Porque hubo una época en que yo tenía tiritas normales, hasta que un día una de mis sobrinas necesitó una tirita y me miró raro cuando vio que no tenían dibujos. Como hacen la misma función, decidí aprovisionarme de tiritas de dibujos.
Con lo de hoy ya he superado el cupo de torpezas. Claro que no me duele la cabeza pero sigo grogui.
Mirando al cielo
Me preocupa que vuelva a nevar, por lo menos en lo que respecta a mañana. Tengo que coger el coche obligatoriamente. Y ya he preguntado por la nieve.
Se está derritiendo todo pero el cielo sigue siendo blanco y hace mucho frío.
Se está derritiendo todo pero el cielo sigue siendo blanco y hace mucho frío.
martes, enero 09, 2018
Y suena el timbre
Ya sabía que a las diez de la noche el único que podía llamar al timbre era mi hermano.
Creo que está helando. Y las diez es tarde para coger el coche en invierno.
Creo que está helando. Y las diez es tarde para coger el coche en invierno.
Sola en el supermercado
No hay nadie más que yo en el supermercado. No me queda más remedio que venir a estas horas o al mediodía. Así que cuando he visto la hora sólo he pensado que me daba tiempo.
A un cuarto de hora del cierre.
A un cuarto de hora del cierre.
Amenizando la espera
No me gusta llevar libros encima porque en el bolso se me destrozan. Pero a veces las esperas me resultan demasiado arduas, y hoy me he puesto a leer.
Para amenizar la espera. Al menos hay buena luz...
Para amenizar la espera. Al menos hay buena luz...
Energía positiva
La energía positiva que tengo hoy la necesitaré esta noche. Y es que hay personas que nos dan buen rollo, sin más, con las que reímos, con las que estamos a gusto, que nos dan vibraciones positivas. Y no hay más.
Creo que hoy se me ha acumulado un poco de trabajo, pero me resulta indiferente. Pues al final creo que todo compensa. En media hora volveré a estar como cualquier tarde: leyendo, mirando a la ventana preguntándome si nevará -esto me preocupa porque el jueves tengo que coger el coche-.
Estoy deseando terminar lo que me he propuesto hacer para hoy, a fin de volver al libro y reírme de nuevo. El libro es Un perro, de Alejandro Palomas, que acaba de ganar el Premio Nadal. Es un libro que me hace reír, y además hay libros que a veces nos muestran señales. No creo en las señales, pero... leí una fecha y pensé: "podría ser una señal o una coincidencia", y ahora gana el Premio Nadal. Entonces tengo que pensar que quizás debería leer más libros de él. Así que estoy deseando volver al libro.
lunes, enero 08, 2018
Abrazar la almohada
A veces abrazo alguno de los cojines que tengo en la cama. Les cuento secretos. Y ahí quedan todos los secretos del mundo.
A veces abrazo la almohada, pero es tan alargada que la tengo que soltar para coger uno de los cojines.
Cuando tenía perro abrazaba al perro, que se escaqueaba en cuanto me quedaba dormida. Cuando era cachorro me mordía las punteras de los zapatos y cualquier cosa que encontraba en el suelo. Después se quedaba dormido encima de mis pies.
Y tengo un grato recuerdo de un fin de semana durmiendo con mis sobrinas, una a cada lado, y abrazándome las dos. Casi no podía moverme.
Seguiré contando secretos a la almohada, es un confidente seguro.
En cuanto al perro, me dolió tanto cuando desapareció que no tengo claro si quiero perro o no. Volveré a dar otra vuelta a esa idea, pero no esta noche.
A veces abrazo la almohada, pero es tan alargada que la tengo que soltar para coger uno de los cojines.
Cuando tenía perro abrazaba al perro, que se escaqueaba en cuanto me quedaba dormida. Cuando era cachorro me mordía las punteras de los zapatos y cualquier cosa que encontraba en el suelo. Después se quedaba dormido encima de mis pies.
Y tengo un grato recuerdo de un fin de semana durmiendo con mis sobrinas, una a cada lado, y abrazándome las dos. Casi no podía moverme.
Seguiré contando secretos a la almohada, es un confidente seguro.
En cuanto al perro, me dolió tanto cuando desapareció que no tengo claro si quiero perro o no. Volveré a dar otra vuelta a esa idea, pero no esta noche.
Montones de nieve
Hay montones de nieve en cada rincón. Y qué suciedad desprende...
Es posible que esté helando. Vengo con la punta de la nariz congelada y las manos no las siento.
Es posible que esté helando. Vengo con la punta de la nariz congelada y las manos no las siento.
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