El mismo día que en Logroño pisan la uva celebrando la vendimia, en tal día como el de San Mateo, tenía que terminar un libro que no sólo trata de la vendimia, que transcurre en su mayor parte en una bodega (ficticia) riojana, sino que además el propio autor es de Logroño.
Leo a Andrés Pascual porque es de La Rioja, pero siempre me deja un sabor agridulce, porque nunca sé qué me voy a encontrar en sus libros: algunos me han enamorado y otros me han producido rechazo. En este caso el libro me ha enganchado por motivos obvios: la mayor parte de las localizaciones que describe se encuentran aquí al lado: San Vicente de la Sonsierra, Haro, Nájera, Logroño, Rivas de Tereso y ¡Santo Domingo de la Calzada! Pero es cierto que aunque el autor intenta meter en esta novela el máximo posible de nuestra tierra, da demasiada información para la cantidad de páginas. Yo hubiera prescindido de algunas localizaciones geográficas para enmarcarlas más cerca de donde transcurre la novela: San Vicente de la Sonsierra, o más concretamente Rivas de Tereso (aldea perteneciente, junto a Peciña, a la jurisdicción de San Vicente). Es por ello que salgo de la novela con ese sabor agridulce: para mí es genial que haya tantas descripciones de mi tierra, de sus tradiciones, de algunos procesos del vino, partes de su historia... pero para quien no sea de La Rioja, posiblemente le sobren tantas descripciones. Es por ello que creo que mete más información que la que debería, mucha de la cual es prescindible, pero a mí me encanta porque se da una publicidad exquisita de mi tierra. Y hay que tener en cuenta que es la primera novela en la que Andrés Pascual habla de La Rioja, que también es su tierra. Tampoco necesita irse lejos para escribir una novela que transcurra aquí cerca...
Hugo es viudo. Tiene un hijo pequeño que se llama Raúl y una extraña enfermedad: el síndrome de Dravet. Viven en Lanzarote y han decidido ir a reclamar su parte de la herencia a La Rioja tras la muerte de Doña Agustina, la abuela del chico.
La finca Las Brumas se encuentra entre San Vicente de la Sonsierra y Rivas de Tereso y nada más llegar comienzan a ocurrir cosas extrañas, ya que todo el mundo se queda mirando al niño como si fuera una aparición. Don Rodrigo, el abuelo, se encariña con el niño y les abre las puertas de su casa, comprendiendo muy pronto que su difunta hija Vega no ha hablado nunca de su pasado. Don Rodrigo es una figura imponente a lo largo de la novela, consorte de una mujer dueña de una viña que él consiguió sacar adelante. Pero al morir ella, Hugo necesita el dinero de la herencia de su hijo para saldar una deuda, un dinero que tiene que compartir con el hijo adoptivo, Armando, un hombre que ya se cree el dueño de la finca.
Hugo se cita con Mencía, una letrada local, que siempre estará a su lado en lo bueno y en lo malo. Conocerá a Victoria, la marquesita sin título, de la que se enamorará perdidamente. Conocerá a Escudero y a su hijo Tirso, agricultores de toda la vida siempre intentando ayudar al prójimo. Visitará la ermita de Santa María de la Piscina y conocerá su historia. Y descubrirá que su hijo es idéntico al hijo desaparecido de sus suegros, Mario, que tenía la misma edad que Raúl cuando nunca se supo de él, momento en el que Vega desapareció, porque la hija tenía también su propio trauma personal.
Hugo será apresado incluso al desplomarse una viga del calado donde su suegro le ha invitado a hacer un reportaje fotográfico y que Armando quede sepultado bajo los escombros. Hugo comprende que su suegro ha intentado quitarle de en medio. Es cuando Hugo comienza a sospechar de todos, su suegro paga la fianza, y entonces desaparece Raúl...
Leo a Andrés Pascual porque es de La Rioja, pero siempre me deja un sabor agridulce, porque nunca sé qué me voy a encontrar en sus libros: algunos me han enamorado y otros me han producido rechazo. En este caso el libro me ha enganchado por motivos obvios: la mayor parte de las localizaciones que describe se encuentran aquí al lado: San Vicente de la Sonsierra, Haro, Nájera, Logroño, Rivas de Tereso y ¡Santo Domingo de la Calzada! Pero es cierto que aunque el autor intenta meter en esta novela el máximo posible de nuestra tierra, da demasiada información para la cantidad de páginas. Yo hubiera prescindido de algunas localizaciones geográficas para enmarcarlas más cerca de donde transcurre la novela: San Vicente de la Sonsierra, o más concretamente Rivas de Tereso (aldea perteneciente, junto a Peciña, a la jurisdicción de San Vicente). Es por ello que salgo de la novela con ese sabor agridulce: para mí es genial que haya tantas descripciones de mi tierra, de sus tradiciones, de algunos procesos del vino, partes de su historia... pero para quien no sea de La Rioja, posiblemente le sobren tantas descripciones. Es por ello que creo que mete más información que la que debería, mucha de la cual es prescindible, pero a mí me encanta porque se da una publicidad exquisita de mi tierra. Y hay que tener en cuenta que es la primera novela en la que Andrés Pascual habla de La Rioja, que también es su tierra. Tampoco necesita irse lejos para escribir una novela que transcurra aquí cerca...
"-Porque, al final, todos estamos a merced de un dios salvaje. De los pecados de nuestros padres, del peso de la religión y de las tradiciones, de las jodidas enfermedades... Hasta del clima, que destruye en una hora la cosecha de todo un año. Se trata de sobrevivir, ¿no es así? (...)".
Hugo es viudo. Tiene un hijo pequeño que se llama Raúl y una extraña enfermedad: el síndrome de Dravet. Viven en Lanzarote y han decidido ir a reclamar su parte de la herencia a La Rioja tras la muerte de Doña Agustina, la abuela del chico.
La finca Las Brumas se encuentra entre San Vicente de la Sonsierra y Rivas de Tereso y nada más llegar comienzan a ocurrir cosas extrañas, ya que todo el mundo se queda mirando al niño como si fuera una aparición. Don Rodrigo, el abuelo, se encariña con el niño y les abre las puertas de su casa, comprendiendo muy pronto que su difunta hija Vega no ha hablado nunca de su pasado. Don Rodrigo es una figura imponente a lo largo de la novela, consorte de una mujer dueña de una viña que él consiguió sacar adelante. Pero al morir ella, Hugo necesita el dinero de la herencia de su hijo para saldar una deuda, un dinero que tiene que compartir con el hijo adoptivo, Armando, un hombre que ya se cree el dueño de la finca.
Hugo se cita con Mencía, una letrada local, que siempre estará a su lado en lo bueno y en lo malo. Conocerá a Victoria, la marquesita sin título, de la que se enamorará perdidamente. Conocerá a Escudero y a su hijo Tirso, agricultores de toda la vida siempre intentando ayudar al prójimo. Visitará la ermita de Santa María de la Piscina y conocerá su historia. Y descubrirá que su hijo es idéntico al hijo desaparecido de sus suegros, Mario, que tenía la misma edad que Raúl cuando nunca se supo de él, momento en el que Vega desapareció, porque la hija tenía también su propio trauma personal.
Hugo será apresado incluso al desplomarse una viga del calado donde su suegro le ha invitado a hacer un reportaje fotográfico y que Armando quede sepultado bajo los escombros. Hugo comprende que su suegro ha intentado quitarle de en medio. Es cuando Hugo comienza a sospechar de todos, su suegro paga la fianza, y entonces desaparece Raúl...
EL AUTOR:

Andrés Pascual (Logroño, 1969) ha ejercido durante veinte años como abogado. Actualmente vive a caballo entre Londres y La Rioja y se dedica a escribir y a impartir conferencias. Ha recorrido más de cincuenta países buscando escenarios para sus libros, que han vendido cientos de miles de ejemplares y han sido traducidos a ocho idiomas. Su última novela, Taj (2016), fue Premio de Novela Histórica Alfonso X El Sabio.
EL LIBRO:
Título original: A merced de un dios salvaje
Autor: Andrés Pascual
Editorial: Espasa (1ª edición, septiembre de 2018)
Número de páginas: 439
ISBN: 9788467052718
RETOS:
No hay comentarios:
Publicar un comentario