Cartel de bienvenida en el aeropuerto de Madeira
A finales de junio de este año estuve de vacaciones en Madeira. Es un viaje del que quería hablar porque vine encantada con aquella isla y con la cortesía portuguesa, pero en los últimos meses apenas he tenido tiempo de hablar de este viaje.
Me imaginaba Madeira como una isla similar a cualquiera del archipiélago canario, pero me encontré con una isla verde y frondosa, nada que vez con el clima desértico de las Canarias. En Madeira llueve más, también tiene microclima y también se encuentra muchos días con la calima que llega del desierto, pero al estar más alejada se ve menos afectada que Canarias por el clima seco. La situación y el clima húmedo hacen de Madeira una isla con una vegetación autóctona, y que da la sensación de que a veces nos encontramos en medio de la selva.
Busto de Cristiano Ronaldo en el aeropuerto de Madeira
Madeira además es la isla del futbolista Cristiano Ronaldo, que nació en Funchal, la capital, en una barriada pobre. Hoy en día toda la isla está dedicada al famoso futbolista, que dona mucho dinero para atraer el turismo, para reparar zonas y para adecentarla. El aeropuerto lleva su nombre, tiene una avenida y un museo en su honor, hay estatuas de él en cada rincón, y los habitantes de la isla le adoran: "Para un famoso que sale de aquí en muchas décadas hay que darle bombo" o "Madeira siempre ha tenido turismo, pero desde que Cristiano se dio a conocer, la isla es más turística que nunca".
Vistas de Madeira desde el avión
Pero antes de llegar a Madeira pasé una noche en el aeropuerto de Lisboa... Ya había estado con anterioridad en Portugal, en Coimbra, Lisboa y Oporto, y sé por experiencia que los portugueses son muy agradables, buenos anfitriones, que les gustamos los españoles... y si esto es así en las grandes ciudades portuguesas, en Madeira se desviven mucho más. Entiendo que como viven del turismo intenten que el viajero se lleve la mejor impresión. Pero no es sólo eso... Contaré una anécdota con un taxista. Uno de los días que cogí un taxi para visitar otra parte de la isla, concretamente Santana, conocí a António João Spínola. Antes de subirme al taxi concreté con él el coste del viaje ida y vuelta a Santana. Cuando llegué a Santana por la mañana, saqué la cartera para pagarle la mitad del trayecto, pero él me dijo que no, que le pagara a la vuelta todo. Ese carácter tan confiado me sorprendió. Yo podía haber regresado a Machico y me hubiera ahorrado la mitad del viaje. Por eso, la confianza que depositó en mí me agradó. Tanto como para quedar con él unos días después para que me llevara al aeropuerto. En la actualidad ya no se encuentra ese tipo de personas legales. Yo también lo fui, porque a la hora estipulada estaba en el lugar que habíamos quedado para regresar al hotel.
Avión de Tap Portugal con destino Lisboa, aeropuerto Adolfo Suárez-Barajas (Madrid)
Siempre que cojo un avión voy a Madrid. Tengo aeropuertos más cercanos, pero prefiero ir a la capital, aunque tenga cuatro horas de trayecto antes de llegar al aeropuerto. Así que el 25 de junio salí de casa por la mañana y llegaría a dormir a Machico, ya en Madeira. Pero a veces las cosas no resultan como las esperamos.
Desembocadura del río Tajo, Lisboa
De Madrid salimos a la hora, y a Lisboa llegamos bien, en hora y sin contratiempos. Ni que decir tiene que las vistas de la desembocadura del río Tajo desde el aire son magníficas.
Vista de la costa atlántica portuguesa, junto a Lisboa
El avión, para aterrizar en Lisboa, tuvo que salir hasta el océano, donde dio la vuelta, y regresamos hacia el Este para prepararnos para el aterrizaje. Ni que decir tiene que por mí podíamos haber dado varias vueltas sobre Lisboa y hubiera estado encantada, porque las vistas eran magníficas.
Puerta de embarque para Madeira, vuelo que se canceló
Teníamos dos horas de espera en el aeropuerto de Lisboa, y no es un aeropuerto complicado para guiarse, así que yo me dediqué a cargar el móvil, a ver tiendas, a tomar un café y a pasear, hasta la hora en que tendríamos que coger el vuelo a Madeira. Cinco minutos antes de salir nos dijeron en portugués que el vuelo se cancelaba: no había tripulación.
Entonces no entendí que no hubiera tripulación. Hoy en día sé que para aterrizar en el aeropuerto de Madeira envían a pilotos con mucha experiencia porque es un aterrizaje complejo. Después de dar vueltas en el aeropuerto, sin que nadie nos diera información respecto de nada, y únicamente con un vale de comida para cenar en cualquier restaurante del aeropuerto, a las 21.00h nos citaron para darnos otro vuelo y para llevarnos a un hotel. Al haber facturado la maleta, yo ya sabía a qué hora salía mi vuelo (10.40h del día siguiente), por lo que me resigné, cené en el aeropuerto mientras veía la larga fila de gente, y finalmente me puse en la cola. El portugués me indicó que nos esperaban en la salida del aeropuerto para llevarnos a un hotel, pero en la salida no había nadie. Nos quedamos en tierra una pareja de gallegos, un portugués de Madeira afincado en Venezuela y yo.
Aeropuerto de Lisboa
Como no podía hacer llamadas desde mi móvil, fui a una cabina y llamé, a eso de las dos de la madrugada, al hotel, donde expliqué -en castellano- la situación en la que me encontraba, les dije que me guardaran la habitación porque llegaría al día siguiente.
Cafetería del aeropuerto abierta 24h, donde cargaba el móvil y a la vez leía
Recuerdo haber tomado varios cafés esa noche, que pernocté algo en una especie de hamacas que sacaron para los que teníamos que pasar la noche en el aeropuerto, que tenía el eBook y se me cerraban los ojos encima, y recuerdo haber ido al final del aeropuerto para ver la salida del sol. Allí se encontraba el señor Guillermo y me estuvo hablando de cómo era su vida en Venezuela. Su historia me dejó perpleja. Llegó incluso a decirme que no sabía si venía para un mes o si se quedaría definitivamente, que en Madeira había nacido y la situación en Venezuela era muy miserable. Me explicó que vivía de sus ahorros, pero que allí el dinero tampoco valía nada, que en sus buenos tiempos tuvo dos empresas que se vio obligado a cerrar por la situación insostenible del país, que tenía una casa con espacio para cinco vehículos (una mansión, pero era tan campechano que no la describió así), y que una vez al llegar a casa con uno de los coches le apuntaron a punta de pistola para que les diera todo, pero que allí tenían cerrojos por fuera y por dentro, y desde dentro -donde se encontraban sus nietos- no llegaron a abrir. Explicó que venía solo porque si su mujer o hijos se marchaban, ponían encontrarse con que "ocupaban" su casa, así que nunca podían dejar la casa sin gente. Lo que me contó me pareció tan irreal que el hecho de haber maldormido en un aeropuerto durante unas horas me pareció que era una nimiedad con respecto a lo que me estaba contando.
Estas situaciones crean vínculos con la gente. Así que cuando amaneció nos buscamos los cuatro y fuimos juntos a desayunar. Al menos subiríamos al mismo avión y seguiríamos juntos hasta Madeira.
Avión que nos llevaría a Madeira, aeropuerto de Lisboa
Creo que cuando vimos el avión no nos lo creíamos. Pero por fin embarcábamos, aunque fuera con un retraso de varias horas.
Al fondo, la isla de Madeira
Recuerdo que casi todo el tiempo de esas dos horas largas de vuelo lo dediqué a dormir. Ni siquiera me molesté en sacar el eBook. Alguna foto hice, pero me desperté cuando anunciaron que estábamos a punto de aterrizar, y entonces vi la isla de Madeira al fondo.
Panorámica de Machico desde el avión, Madeira
Sabía que íbamos a pasar junto a Machico, lugar donde yo tenía el hotel. Y es que, antes de reservar la estancia en la isla, me aseguré de que fuera un lugar con playa de arena, ya que al ver reportajes de la isla vi que era muy pedregosa y escarpada, y que casi todas las playas eran de piedras. Así que, en vez de elegir Funchal -la capital-, opté por un sitio más pequeño. Como había visto fotos de Machico antes de ir no me costó mucho descubrir la población desde el avión.
Después de un viaje larguísimo con algunos contratiempos, por fin llegábamos a Madeira. Ni que decir tiene que no recuerdo ni el aterrizaje, ése que dicen que es tan complicado, así que si no lo recuerdo es porque no sería para tanto.
A estas alturas, también tengo que decir en favor de Tap Portugal que no tardaron mucho en responder a la reclamación por la cancelación del vuelo y a principios de agosto me indemnizaron económicamente. Eso sí, lo que ellos valoraron de conformidad con lo que había dispuesto la OCU. Paro de momento y ya seguiré hablando de mi viaje a Madeira.
Volar...
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