sábado, septiembre 29, 2018

Viaje a Madeira II: Machico

Atardecer en Machico

Las islas portuguesas (Madeira y las Azores) son antiguos enclaves militares. Madeira se encuentra a 600 km de la costa africana y a 1.000 de Lisboa, y cuenta con una vegetación subtropical y altas montañas.
Madeira es un paraíso subtropical de origen ígneo, cuyos suelos están formados por cenizas y lavas volcánicas. Tiene un clima muy suave, que ronda los 20º casi todo el año.
Vista de las playas de Machico desde la habitación del hotel

Aunque Madeira se nombra en un mapa genovés de 1351, la isla no fue reclamada por ningún Estado hasta que en 1418, el barco de João Gonçalves Zarco fue arrastrado hasta la isla de Porto Santo cuando exploraba la costa africana, y allí clavó una bandera portuguesa. Zarco regresó un año después y decidió visitar las tierras cercanas que veía envueltas en una bruma que se divisaban en el horizonte. Encontró un hermoso lugar cubierto de bosques (de ahí el nombre de Madeira), con abundante agua potable. En los siguientes años, los colonos portugueses cultivaron caña de azúcar. Los isleños se enriquecieron con este oro blanco y llevaron esclavos para que trabajaran la tierra. Se crearon bancales y canales (levadas) que aún se ven en las laderas de las colinas. En la actualidad, los habitantes de Madeira utilizan cada parcela de tierra para cultivar viñas, plátanos y flores exóticas, que son la base de su economía.

Vista de Machico desde el hotel, atardecer del primer día

Llegué a Machico y disfruté de las vistas: a un lado el mar, al otro lado los bancales cubiertos con una bruma espesa. La temperatura a finales de junio era muy cálida, aunque algún día llovió. Vi llover de madrugada y en unas horas ni siquiera parecía que hubiera llovido porque hacía un sol radiante. Desde la ventana de mi habitación tenía vistas al mar y a las dos playas de Machico: una de piedras y otra de arena.
Plaza Mayor de Machico

Cuenta la leyenda que esta localidad recibió su nombre de Roberto Machim, un comerciante de Bristol que se fugó con la aristócrata Anne de Hertford para establecerse en Portugal. Atrapados por una tormenta, naufragaron en Madeira, donde los dos amantes murieron debido a las quemaduras del sol. El resto de la tripulación reparó el barco y llegó a Lisboa, donde su historia indujo a Enrique el Navegante a enviar a Zarco en busca de la misteriosa isla. 
Calle de Machico

Machico fue la segunda ciudad en importancia en Madeira desde los primeros asentamientos, cuando la isla se dividió en dos capitanías: Zarco gobernó al oeste de Funchal, mientras su compañero de navegación, Tristão Vaz Teixeira, administró la zona al este de Machico. Sin embargo, la mejor situación de Funchal y su puerto pronto la convirtieron en capital de la isla mientras Machico evolucionó como ciudad agrícola. 
Callejeando por Machico

Enseguida me di cuenta de que había escogido para la estancia uno de los lugares con más encanto de la isla. Porque era un pueblo muy pintoresco, con sus huellas de casas coloniales, con las calles adoquinadas, con las portuguesas vendiendo frutas en medio de las calles. 
Playa de arena de Machico 

Uno de los días que decidí quedarme en Machico fui a la playa de arena, que era muy pequeña y, como el tiempo acompañaba, también se encontraba abarrotada de gente. Fue el único día que pisé la playa y es que me quemé. Si me quemé al sol fue por culpa de un libro, me encontraba leyendo tan enfrascada en la historia que sentía el picor en la espalda pero una parte de mí susurraba: "un capítulo más", y tantos capítulos leí bajo el sol que cuando ya no pude aguantar más al sol me encontraba como un cangrejo y huí del sol para el resto de la semana.
Restaurante cerrado y abandonado (había bastantes lugares así) en Machico

Decidí pasear por el centro de Machico, siempre a la sombra, y me sorprendió la sencillez del pueblo: casas de poca altura, edificios con patrones coloniales, calles adoquinadas, tiendas pequeñitas...
En el centro del pueblo hay una plaza con árboles que dan sombra. Allí se concentran los taxistas de Machico con sus coches aparcados alrededor de la plaza, intercalados con vendedores de fruta. En el centro de esta plaza se encuentra la iglesia parroquial y a un lado se ve el Ayuntamiento.
Iglesia de Machico

La Igreja Matriz del Largo do Município y la plaza que la rodea datan del siglo XV.

Centro de Machico, junto a la fortaleza

Para mí pasear por el centro de Machico fue siempre un encanto. No es recomendable llevar tacones por los adoquines sueltos de las calles. Dejamos atrás el mar y la fortaleza amarilla (que se encuentra cerrada y es muy pequeña) para llegar a la bulliciosa Plaza Mayor, con cafeterías, bancos y pequeñas tiendecitas.

Con respecto a los platos que comí en Machico, tengo que decir que en Madeira se come bien, mucho mejor que en la Península (no tengo buenos recuerdos de las mezclas de los platos que había en Oporto). 
Patio Restaurante Mercado Velho, Machico

Uno de los días que comí en Machico llegué al Restaurante Mercado Velho, que tenía un patio con terraza, y que era asequible. Me recomendaron platos típicos de la isla, y eso me recuerda que había ingentes cantidades de pescado y una variedad incierta de ensaladas, y en cuanto a las carnes son típicas las brochetas.
Ensalada de atún con queso (creo)

Brocheta de carne con patatas, y el resto de acompañantes

Otro de los días que comí en Machico era una especie de bocadillo con ingredientes de hamburguesa.
Prego bolo do caco

Lo cierto es que si volviera a Madeira, repetiría Machico como lugar de estancia, ya que es un sitio que me enamoró. A media hora de la bulliciosa Funchal, Machico es un lugar muy agradable para descansar. Y como parece un pueblo colonial, cuando nos adentramos por sus callejuelas parece que hemos viajado a otra época. 
Machico, el océano

El último día también me dejé perder por las calles de Machico antes de ir al aeropuerto, sólo para empaparme de sus olores, de sus ruidos, de sus colores, de... todo. Es un pueblo que se quedó grabado en las retinas y que hoy en día recuerdo con algo de nostalgia. Hay posibilidades de que vuelva si alguna vez me da por repetir destinos turísticos.

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