Parece ser que me están cundiendo últimamente las lecturas, porque voy a libro por día, aunque también es cierto que aquí los capítulos eran cortos y con mucho espacio entre el fin de uno y el comienzo de otro, así que cuando quise darme cuenta ya me encontraba en la mitad del libro.
Me ha gustado, aunque creo que le falta algo de profundidad en ciertos pasajes. En realidad es una novela situada en los tejemanejes del siglo XVII en Roma, bajo el pontificado de Urbano VIII y con una Inquisición cuyo nombre suscita pánico desde hace más de un siglo. En medio de tantas intrigas y conspiraciones, porque la curia romana y la Iglesia en general son muy dadas a ello, nos encontramos al commissarius Girolamo Svampa, un hombre al que le acaban de otorgar ese cargo a dedo, y no ha sido otro que el secretario del Sacro Palacio, Nicola Ridolfi, uno de los hombres más poderosos del Vatinano y, también, uno de los que cuentan con más enemigos en la ciudad.

Papa Urbano VIII, retrato de Pietro da Cortona
En Svampa nos encontramos con un hombre que el lector puede repudiar y adorar a partes iguales. Es el inquisidor que busca venganza, sagaz y prepotente, impaciente y muy inteligente. Hace alarde de su poder, pero su pasado le recuerda que le mueve la venganza. Cuando la sombra de su pasado se le hace insoportable, es adicto al láudano, que le hace perder la lucidez. Pero es un hombre perspicaz, que sabrá desenmascarar a los enemigos de Ridolfi de una manera magistral.
El secretario del Índice, Francesco Capiferro, coprotagonista de la novela, es un hombre que enamora al lector. En aquella época el Índice era el organismo encargado de numerar los manuscritos que podían imprimirse y los que se censuraban, es decir, de Capiferro depende la mayor parte de las veces dar el imprimatur, el sello que permite que esos libros se impriman. Pero Capiferro es un buen hombre, en su memoria alberga miles de libros que separa de memoria por estanterías y muchas veces saca a colación. También guarda los libros que han sido pasto de las llamas. Capiferro tiene dos papeles antagónicos: por un lado, va a ayudar a Svampa, pero por otro lado va a investigar su pasado. Y de estas dos actividades, al final optará por mantenerse al lado de Svampa.
Finalmente, Svampa tiene un esbirro, un perro de presa que le protege, un mesnadero llamado Cagnolo Alfieri, que le hace el trabajo en las calles, cuando tienen que espiar o perseguir a alguien, o cuando tienen que preguntar. Por eso mismo, a Alfieri se le encargará que asesine a su señor o los que le obligan a hacerlo matarán a su hija, recluida en un convento de clausura.
Tor di Nona (hoy desaparecida), Roma
En cuanto al pasado de Svampa, es recurrente porque muchos hombres del Vaticano le ven como una piedra en el zapato, ya que su padre fue un impresor veneciano, apresado por un inquisidor retirado, Gabriele da Saluzzo, recluido en los sótanos de la Tor di Nona, y murió ahogado en una crecida del río Tíber. Pero cuando apresaron a su padre, Svampa era un crío de cuatro años que recuerda perfectamente a Saluzzo.
También fue apresado unos años atrás Svampa mismo por la Inquisición, pero fue liberado.
Ridolfi fue para Svampa un segundo padre que le recogió, enseñó y educó.

Torre de los vientos, Ciudad del Vaticano (en la época de la novela se encuentra en ruinas)
En diciembre de 1624 un dominico aparece asesinado en el taller de impresión de la familia Zanetti. El cuerpo aparece apretado en la prensa de impresión. Cuando lo sacan, en la boca tiene unas hojas cuyos párrafos aparecen con unas letras capitales algo toscas, cuyo origen ha de seguir Svampa, buscando entre todos los impresores de Roma.
Cagnolo, a su vez, sigue los pasos de tres agresores, supuestamente españoles, que han dado una paliza a un sacerdote que a la vez es actor, y descubre que la paliza iba destinada a otra persona.
Poco tiempo después, aparece otro dominico en el banco de otro taller de impresión. Para entonces, Svampa ya sabe que se trata de un complot dentro de la curia vaticana, por unos manuscritos sobre brujería que no han sido censurados, y que se están repartiendo por toda la ciudad con el beneplácito de los rosacruces.
Svampa consigue dar con el asesino y descubre el móvil, pero advierte a su protector de todos los enemigos que quieren quitarle de en medio.
Según termina la novela, parece ser que habrá al menos una segunda parte.
EL AUTOR:
Marcello Simoni (Comacchio, 1975) ha sido arqueólogo y bibliotecario. Con Il mercante di libri maledetti, su debut narrativo, ocupó durante más de un año el primer lugar de las listas de los más vendidos y obtuvo, también, el Premio Bancarella. El éxito de la novela se confirmó más tarde con títulos como Il labirinto ai confini del mondo, L'isola dei monaci senza nome, La cattedrale dei morti y la saga Codice Millenarius. Sus obras han sido traducidas en más de veinte países.
EL LIBRO:
Título original: Il marchio dell'inquisitore
Autor: Marcello Simoni
Traductora: Montse Triviño
Editorial: Duomo (1ª edición, enero de 2018)
Colección: Los Imperdibles
Número de páginas: 409
ISBN: 9788416634811
Valoración: 8/10
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