Llevo unos días de tranquilidad total, días en que me levanto tarde, o más bien me levanto pronto a desayunar y luego me pongo a leer. A la una tomo el vermout con mis padres cada día, generalmente rodeada de peregrinos y de gente del pueblo. Por la tarde suelo dar un paseo y leer más. Tanto que creo que me voy a quedar corta con los libros que me traje. Claro que buscaría una solución, porque en la casa de mis padres sigo teniendo libros y seguro que hay alguna novela que no he leído.
A eso de las ocho vuelvo a tomar otro vermout, rodeada de peregrinos y de gente del pueblo. Cenamos pronto y se agradece que aún haga buena temperatura. Ciertamente adoro el mes de septiembre.
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