martes, noviembre 06, 2018

La sirena varada - Los árboles mueren de pie

Conocí a Alejandro Casona muy joven, con doce años cuando nos mandaron juntarnos por grupos, buscar una obra de teatro y representarla. Fue un fragmento de La dama del alba y tanto gustó, que el profesor de literatura nos hizo representarla para los más pequeños del colegio. Recuerdo que yo había de abuelo y no se me daba mal. En aquella primera obra que representé me enamoré del teatro, y poco después me apuntaba a todas las obras de teatro en las que podía participar. Una obra de teatro es diferente cada vez, y el público no ve la misma obra en cada representación. Tiene algo de finito y efímero. Representé con posterioridad muchos personajes de otras obras de teatro, pero Alejandro Casona tiene una manera tan dulce de escribir que no lo olvido nunca. No puedo olvidar aquellos primeros pinitos con el teatro. 

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Margarita Xirgu (Sirena) y Pedro López Lagar (Ricardo) en una imagen del estreno en 1934 en el Teatro Real de Madrid

La sirena varada.- Esta comedia en tres actos comienza en un caserón donde se ha trasladado el excéntrico Ricardo, un señorito que en un principio dice cosas sin sentido... hasta que aparece en escena su amada Sirena, una mujer que se cree venida del mar. Ricardo y Sirena se aman, parece que estamos viviendo en un mundo de fantasía, hasta que se invierten los papeles y comprendemos que el que parecía loco (Ricardo) no está tan loco y que la que parecía llegada de un mundo fantástico (Sirena) está totalmente trastornada.
Otros personajes que cabe destacar son Don Florín, un médico amigo de Ricardo, que al principio no cuaja con Sirena, y que finalmente es quien la trata. También se encuentra Samy, que es el padre de Sirena, y que, al igual que ella viene de un mundo de fantasía. Y es que ni Samy ni Sirena vienen del mar, sino de un circo, de donde el temible empresario Pipo viene a buscarlos. 
En la casona además se encuentran el criado Pedrote, el fantasma que no da miedo y Daniel, un pintor que se tapa los ojos para no tener que ver lo que hay a su alrededor.
Y es que nada es lo que parece ni lo que esperábamos.

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Imagen de la representación de 1963 por Lola Cardona (Marta-Isabel) y  Luis Prendes (Mauricio) en el Teatro de Bellas Artes de Madrid

Los árboles mueren de pie.- Comienza esta obra mostrándonos una institución especial, una institución para el alma que trata de traer un pedazo de felicidad a las personas. Allí coinciden dos recién llegados: un hombre mayor, el señor Balboa, y una joven solitaria y triste, Marta-Isabel. En cierto momento les dejan solos allí, donde ven pasar una serie de personas disfrazadas que forman parte de una gran farsa. La joven está a punto de marcharse y entonces aparece el Director. Este hombre joven le explica que el día anterior la siguió y supo que estuvo a punto de quitarse la vida, pero él le tiró un ramo de flores por la ventana y una nota que decía "Mañana", una palabra de esperanza. Cuando el Director le explica que ellos intentan curar las almas a las personas, vuelve a entrar la Secretaria con Balboa, y el hombre cuenta la historia de su vida: de cómo su nieto Mauricio marchó a Canadá y va a volver después de veinte años, pero en estos años él ha estado escribiendo cartas a su esposa Eugenia para hacerla feliz, y se ha inventado una vida para el nieto, aunque éste se ha convertido en un verdadero mafioso. El barco en el que venía ha naufragado, pero Balboa quiere continuar la farsa con un nieto de carne y hueso que ha venido con su mujer, y la muchacha y Mauricio son los que se harán pasar por los jóvenes venidos de Canadá.
Pero en medio de la farsa aparece el verdadero nieto, que la abuela reconoce. El Otro viene a pedirles dinero y no le importa dejarlos en la calle si tienen que vender la casa donde viven, y la única persona capaz de echarle es la abuela, ya que comprende que el nieto ajeno y su esposa falsa le han brindado una felicidad que nunca les podrá brindar el verdadero Mauricio.

En las dos obras hay varios elementos dignos de mención: la luz, que muchas veces nos indica desde dónde tiene que venir; los ojos de las personas (en una el hombre que se pone una venda en los ojos es en realidad un hombre ciego; en la otra, la abuela reconoce al verdadero nieto en los ojos); y sobre todo la fantasía. A mí me ha encantado eso de que haya una institución que se dedica a dar felicidad al alma.

EL AUTOR:

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Alejandro Rodríguez Álvarez, más conocido como Alejandro Casona (Besullo, 1903 - Madrid, 1965) fue un comediógrafo y autor de teatro de ingenio y humor que mezcló sabiamente fantasía y realidad. Es por ello que se considera a su obra neosimbolista, ya que procura la evasión, aunque conservando el tono experimental. Su producción, poéticamente rica, no empleó en absoluto la construcción del verso.
Cursó estudios en las Universidades de Oviedo y Murcia y en la Escuela Superior de Magisterio de Madrid. Se inició en el mundo teatral dirigiendo una compañía de aficionados, el Teatro de las Misiones Pedagógicas, formada por alumnos del instituto del Valle de Arán, donde era maestro. La enseñanza constituyó una importante faceta en la primera etapa de su vida, ya que fue nombrado inspector de Enseñanza Primaria durante la República, y publicó su primera obra de teatro infantil, El pájaro pinto
Después de una breve incursión en el campo de la poesía con el libro La flauta del sapo (1930), en 1932 publicó Flor de leyendas, colección de leyendas clásicas y medievales que le valió el Premio Nacional de Literatura, y en 1934, año en que decidió dedicarse por completo a la dramaturgia, La Sirena varada, por la cual recibió el Premio Lope de Vega.
Su obra rompió los moldes estilísticos establecidos en el teatro predominantemente naturalista de la época, e introdujo materiales nuevos para conformar sus personajes, tales como la investigación psicológica y la fantasía. La gran preocupación del autor fue dotar en todo momento de una dimensión poética a su teatro. Antes de la Guerra Civil, publicó dos obras: Otra vez el diablo (1935) y Nuestra Natacha (1936), pieza en la que predomina la temática sobre inquietudes políticas de reforma social.
Al comenzar la Guerra, se trasladó a México, donde publicó Prohibido suicidarse en primavera (1937), en la que introdujo uno de sus temas favoritos, "la casa de los sueños", como lugar en el que las ilusiones y la realidad de confrontan. Se estableció definitivamente en Buenos Aires, donde cosechó un gran éxito internacional. En el exilio maduró su expresión y dominó los recursos teatrales propios en la línea emprendida por él.
Allí vieron la luz Las tres perfectas casadas (1941) y La dama del alba (1944), tal vez su obra más representativa, en la que el tema de la muerte está tratado con hondura delicada y notable gravedad. Le siguieron La barca sin pescador (1945), La molinera de Arcos (1947), Los árboles mueren de pie (1949), La llave en el desván (1951), Siete gritos en el mar (1952), La tercera palabra (1953), Corona de amor y muerte (1955) y La casa de los siete balcones (1957). Retablo jovial (1962) es la recopilación de cinco farsas en un acto compuestas durante sus años de instituto: Sancho Panza en la Ínsula, Entremés del mozo que casó con mujer brava, Farsa del cornudo apaleado, Fablilla del secreto bien guardado y Farsa y justicia del Corregidor
En 1963 volvió a España, donde estrenó su última obra, El caballero de las espuelas de oro (1964), sobre la figura de Francisco de Quevedo. 
Carente en ocasiones de auténtica fuerza dramática, sus valores teatrales y literarios, así como poéticos y humanos, lo destacan como uno de los grandes autores de la escena española e iberoamericana del siglo XX.

EL LIBRO:

Título original: La sirena varada - Los árboles mueren de pie
Autor: Alejandro Casona
Editorial: Espasa Calpe (8ª edición, en junio de 1991)
Colección: Austral nº 121
Número de páginas: 183
ISBN: 9788423919215

Valoración: 8/10

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