viernes, noviembre 09, 2018

Don Juan Tenorio


Esta noche iba buscando una obra de teatro de Buero Vallejo, que tengo varias, pero mis ojos han topado con Don Juan Tenorio, y he pensado en que no era mala idea. Reconozco que durante años me he provisto de bastantes obras clásicas, muchas de las cuales no tengo leídas. Lo cierto es que me apetecía leer una obra de teatro, y la de Zorrilla no estaba mal. Además, todo el mundo conoce la historia, e incluso algunos de sus versos más famosos. Todo el mundo conoce al mito de Don Juan, y me han bastado unos minutos para buscar en mi memoria que nunca lo he leído y que no estaría mal. Se lee de una sentada.

Don Juan Tenorio se divide en dos partes diferenciadas por un espacio temporal de cinco años, y tanto una como la otra transcurren en una noche. En realidad es una historia de amor atípica, y quizás ahí derive su importancia en los siglos futuros. 
Zorrilla pertenece al Romanticismo y, como tal, esa historia de amor debía conllevar dolor, muertes y horrores. De hecho, la escenificación del cementerio lleno de estatuas es muy propia de la corriente romántica. Además, todo lo realista que tiene la primera parte se convierte en fantasía en la segunda parte del libro. 

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Ilustración de Don Juan Tenorio

Don Juan Tenorio es un joven seductor, un calavera, un apostador nato, natural de Sevilla. La acción transcurre en 1545, últimos años del emperador Carlos V. Cuando las apuestas tienen que ver con mujeres, el rival de Tenorio puede darse por perdido. Eso también le ha dado una fama de bandido, pícaro y seductor, y los padres que tienen hijas adolescentes andan preocupados. Así que ha pasado un año desde que Don Juan apostó con Don Luis Mejía a ver quién iba a matar más hombres y enamorar a más mujeres en el plazo de un año, por lo que pasado el tiempo marcado, los dos hombres aparecen embozados en la hostería de Buttarelli, sin saber que su apuesta ha corrido de boca en boca y que algunos hombres les esperan para comprobar si sus dineros cambiarán de bolsillo o lo multiplicarán. 
Don Juan gana la apuesta y cuando Don Luis le reta a seducir a su prometida Ana de Pantoja, con la que contraerá matrimonio al día siguiente, Don Juan no duda en aceptar, y además le reta para seducir a una novicia. 
En una misma noche Don Juan seducirá a Ana de Pantoja, haciéndose pasar por Don Luis mientras éste se encuentra secuestrado en su propia bodega, y enamorará, a través de la la dueña Brígida, a Doña Inés de Ulloa. Doña Brígida viene a hacer la función de alcahueta, es la criada de Doña Inés, pero no duda en ponerse de parte de Don Juan, entregándole incluso una llave para que pueda acceder al convento de las Calatravas de Sevilla. 
Cuando Doña Inés le ve aparecer, se desmaya, momento en que aprovecha Don Juan para llevársela a su quinta, al otro lado del Guadalquivir. 
Sin embargo, en la hostería se encontraban, además de los amigos, Don Diego Tenorio -padre de Don Juan- y Don Gonzalo de Ulloa -padre de Doña Inés-. Don Gonzalo tiene la función de Comendador, por lo que comprende que su hija se encuentra en grave peligro y comprende que tiene que sacarla del convento antes de que vaya a buscarla Don Juan. 
Pero en la casa de Don Juan, aparecen todos: Don Luis para vengarse porque Don Juan ha seducido a su prometida Ana de Pantoja, y el Comendador, en busca de su hija. Don Juan apenas puede intercambiar unas palabras con Doña Inés, y atiende a los dos hombres "engañados", pero éstos se alían contra él, por lo que Don Juan los mata a los dos y sale huyendo.

Raimundo de Madrazo. Retrato de María Guerrero en Doña Inés. 1891.jpg
La actriz Ana Guerrero en el papel de Doña Inés

Cinco años han pasado y un embozado entra en un panteón donde antes se encontraba la mansión de los Tenorio. Allí sólo hay una persona: el escultor, que acaba de terminar la estatua del último fallecido, Don Diego Tenorio. El embozado le pregunta al respecto y decide quedarse allí. Cuando comprende que allí también está la estatua de su amada Doña Inés, comienza a torturarse por haberla abandonado a su suerte, ya que ella murió de amor, y entonces aparece la sombra de Doña Inés. Poco rato después aparecen los amigos y les invita a cenar a su casa, pero también invita a la estatua del Comendador. Sus amigos le toman por loco, y es que ellos no pueden verlos ni escucharlos, sólo puede hacerlo Don Juan. 
Y es que Doña Inés y Don Juan terminarán juntos en la eternidad. Porque al volver a Sevilla, Don Juan ha venido a saldar cuentas, pero hay otros que las saldan con él, mandándole a la tumba junto a su amada Doña Inés.

"¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?".

EL AUTOR:

José Zorrilla (Valladolid, 1817 - Madrid, 1893) es el principal representante del romanticismo medievalizante y legendario. En 1833 ingresó en la Universidad de Toledo como estudiante de Leyes, y en 1835 pasó a la Universidad de Valladolid. José Zorrilla publicó sus primeros versos en el diario vallisoletano El Artista.
Tras abandonar su carrera universitaria, se trasladó a Madrid donde alcanzó la fama tras leerse versos suyos en el entierro de Larra (1837). Ocupó el cargo de éste en la redacción de El Español, donde publicó la serie de poemas titulada Poesías (1837), que sería el primero de ocho volúmenes que terminó en 1840. Su éxito poético se renovaría en 1852 con un poema descriptivo, Granada, que quedó inacabado. En 1839 se casó con Matilde O'Reilly, quedándose viudo poco después.
Escribió numerosas leyendas, entre las que destacan Cantos del trovador (1840-1841), Vigilias de estío (1842), Flores perdidas (1843), Recuerdos y fantasías (1844), Un testigo de bronce (1845), en las que resucita a la España medieval y renacentista y que constituyen lo más perdurable de su producción. Entre esas leyendas, las más relevantes son A buen juez mejor testigo, Margarita la Tornera y El capitán Montoya
En 1837 Zorrilla inició su producción teatral con Vivir loco y morir más, y alcanzó su primer éxito con El zapatero y el rey (1840), a la que siguieron El eco del torrente (1842), Sancho García (1842), El molino de Guadalajara (1843), El puñal del godo (1843), Don Juan Tenorio (1844) y Traidor, inconfeso y mártir (1849). En estas obras trata temas tradicionales o del Siglo de Oro. También escribió tragedias a la manera clásica, como Sofronia (1843).
En 1846 viajó a Burdeos y París, donde conoció a Alejandro Dumas, George Sand, Teófilo Gautier y Alfred de Musset, que impregnarían en él su huella. En 1865 marchó a México, donde fue protegido del emperador Maximiliano I, que lo nombró director del Teatro Nacional.
Cuando regresó a España, Zorrilla se casó con la actriz Juana Pacheco, viajó a Roma e ingresó en la Real Academia (1882). De estos años son Recuerdos del tiempo viejo (1880-1883), La leyenda del Cid (1882), El cantar del romero (1883) y Mi última brega (1888). Fue coronado como poeta en el Alcázar de Granada por el Duque de Rivas, en representación de la Reina regente.

EL LIBRO:

Título original: Don Juan Tenorio
Autor: José Zorrilla
Editorial: Espasa Calpe (17ª edición, en abril de 1990)
Colección: Austral nº 51
Número de páginas: 178
ISBN: 9788423918515

Valoración: 9/10

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