Entre los libros que me autorregalé hace unos días estaba La cata, de Roald Dahl, un autor que he leído muy poco y sin embargo disfruto con él.
En esta ocasión se trata de un relato sobre un grupo de gente que siempre se reúne en casa de Mike Schofield a cenar. Allí acude, además del narrador, un famoso gastrónomo, Richard Pratt, con quien el anfitrión apuesta una caja de vino si adivina el vino que va a servir en la cena.
Esta vez Mike está seguro de que no lo adivinará, así que aumentan la apuesta: la mano de la hija de Schofield por dos mansiones del Richard Pratt. Cuando Richard da la respuesta, Mike se queda blanco. Entonces aparece la criada y le dice a Pratt que se ha dejado las gafas en el estudio, donde antes de la cena se encontraba la botella de vino.
LOS AUTORES:
Roald Dahl (Llandaff, 1916-Oxford, 1990) fue un escritor británico conocido por sus narraciones infantiles y juveniles, pese a que su producción para adultos también tiene gran calidad. Muchos de sus relatos se han convertido en películas de gran éxito internacional.
Su padre, de origen noruego, murió cuando el escritor tenía tres años. La muerte del padre dejó en serios apuros económicos a la familia, que tuvo que mudarse a una casa más pequeña. La madre prefirió seguir viviendo en Inglaterra y no regresar a Noruega, cumpliendo con ello el deseo de su marido de educar a sus hijos en escuelas británicas.
Fue precisamente la estricta educación inglesa, que incluía fuertes castigos, lo que menos agradaba al pequeño Roald. Sus momentos más felices los pasaba en verano, cuando la familia se trasladaba a Noruega. No brilló especialmente en sus estudios, aunque destacó en actividades deportivas como el boxeo.
Más interesado por la acción y la aventura que por el esfuerzo intelectual, al cumplir los 18 años se hizo explorador, en lugar de matricularse en la Universidad, que es lo que quería su madre. Luego trabajó como vendedor hasta que, a los 23 años, se alistó como aviador para luchar en la IIª Guerra Mundial, y sirvió en las Fuerzas Aéreas Reales en Libia, Grecia y Siria. En las campañas de África su avión fue alcanzado en varias ocasiones y salvó la vida de milagro, pero tenía heridas tan graves que fue enviado a casa.
Su primera recopilación de relatos (Over to You; 10 Stories of Flyers and Flying, 1946) evocaría los horrores vividos en la guerra. Recuperado de sus heridas, fue destinado a Washington como experto en asuntos de aviación de guerra. En Estados Unidos comenzó a hacerse famoso como escritor, al ponerse a narrar en periódicos y revistas su visión de la guerra.
Dahl alternó estas ocupaciones con su dedicación a la literatura infantil y juvenil, que se intensificaría a partir de la década de los 60. Se casó en 1953 y fue padre de cuatro hijos, a los que contaba cuentos que a menudo se convertían en novelas. Su primer cuento para niños fue Los gremmlins (1943), y enseguida llegaron otros éxitos como James y el melocotón gigante (1961) y Charlie y la fábrica de chocolate (1964).
En aquella época su vida sufrió graves reveses: vio morir a su hija pequeña Olivia en 1962 y, tres años después, su esposa Patricia Neal sufrió una peligrosa enfermedad que estuvo a punto de dejarla ciega e inválida. Su hijo Theo sufrió un grave accidente de carretera que le causó daños en el cerebro. Dahl pasó mucho tiempo trabajando en una válvula especial que servía para sacar líquidos de la cabeza de su hijo y le permitía vivir casi con normalidad, sin tener que estar conectado a una máquina.
Pese a las desgracias, Dahl logró salir adelante y continuó escribiendo obras que le hacían cada vez más famoso. Con Matilda, uno de sus últimos libros (convertido en película de notable éxito), batió todos los récords de ventas. No hay que olvidar tampoco la importancia de su narrativa para adultos, en la que cultivó variados géneros. También colaboró con el cine, escribiendo, entre otros, varios guiones para la serie de películas de James Bond.
Aunque es recordado especialmente por sus narraciones para niños y jóvenes, Roald Dahl escribió numerosas obras para adultos de gran calidad, entre las que sobresale Relatos de lo inesperado, una brillantísima colección de cuentos de intriga y humor negro. Mi tío Oswald (1979) se halla muy cercano a la ficción futurista: trata de la venta de espermatozoides de los hombres más brillantes del planeta. Otras obras destacadas fueron La venganza es mía, Génesis y catástrofe, Historias extraordinarias y El gran cambiazo. Sobresalió especialmente en el cuento corto, con historias mordaces e impactantes rayanas en la irrealidad y lo morboso o macabro en muchos casos; en ellas creó un clima amenazante, extraño, vinculado a la irracionalidad, combinando agudamente el humor negro con el suspense.
En sus historias para jóvenes late la fábula moral. Algunas de sus obras en el campo de la narrativa infantil y juvenil están consideradas entre las mejores de todos los tiempos. De hecho, sus relatos gustan tanto a los niños como a los mayores, ya que, en medio de sus historias protagonizadas por jóvenes, hay humor y crítica a la sociedad contemporánea. Junto a la magia y la fantasía, en sus libros aparece también la maldad y otros defectos del ser humano.
Charlie y la fábrica de chocolate (1964) fue la novela que le catapultó al éxito; llegó incluso a ser elegida número uno en una encuesta realizada por el prestigioso Sunday Times para seleccionar las diez mejores obras infantiles. En Charlie y el ascensor de cristal continuó con el mismo personaje. Otros libros célebres son James y el melocotón gigante (1961), que cuenta la historia de un niño huérfano que vive con sus malvadas tías; Las brujas, que narra el enfrentamiento de un niño y su abuela con la terrible Asociación de Brujas de Inglaterra; y Los cretinos, que recoge historias de una pareja de viejos refunfuñones que odian a los niños.
Autor prolífico, la lista de obras memorables es muy extensa: Danny, el campeón del mundo; El dedo mágico o Matilda, la historia de una niña enamorada de los libros. Las novelas Boy y Volando solo se basaron en la vida del propio autor. También merecen destacarse Qué asco de bichos, El superzorro, La maravillosa medicina de Jorge, El gran gigante bonachón, Cuentos en verso para niños perversos, El vicario que hablaba al revés, Mi año, Los Mimpis y Agu Trot.
Iban Barrenetxea es un ilustrador español nacido en Elgoibar en 1973. Tras una década dedicado al diseño gráfico, inicia su andadura en el mundo de los libros ilustrados en 2010. Desde entonces ha ilustrado más de una decena de libros, siendo además el autor del texto en tres de ellos.
Su obra ha recibido diversos galardones: placa de honor en la Bienal Internacional de Ilustración de Bratislava 2011, Premios Euskadi de Literatura en la categoría de ilustración 2012, finalista en el premio Junceda Iberia y en los CJ Picture Book Awards de Corea por Bombástica Naturalis, Premio Libro Kirico 2012 concedido por CEGAL, Premios Euskadi de Literatura Infantil y Juvenil 2012 por El cuento del carpintero, Por el color del trigo (con texto de Toño Malpica) fue incluido en la lista White Ravens 2013 elaborada por la Internationale Jugendbibliothek München y en la lista de mejores libros del año según el Banco del Libro de Venezuela.
Ha expuesto en España, Italia, Reino Unido, Portugal y Japón, y sus libros han sido traducidos a varios idiomas, entre ellos francés, ruso, japonés y coreano.
EL LIBRO:
Título original: Taste
Autores: Roald Dahl (texto) e Iban Barrenetxea (ilustraciones)
Traductor: Íñigo Jáuregui
Editorial: Nórdica (9ª reimpresión, en noviembre de 2018)
Número de páginas: 63
ISBN: 9788416112432
Valoración: 9/10
RETOS: