domingo, abril 26, 2020

Pequeñas mujeres rojas

He empezado el libro esta mañana muy temprano, pero tenía tantas ganas de acabar la trilogía, que aunque no me apetecía mucho tampoco quería dejarla a medias... que finalmente lo he terminado. En general, no es de mi agrado la manera de narrar tan dispersa que tiene la autora, y como ya dije en sus dos novelas anteriores, tiene una narrativa deliciosa. Y pese a ese extraño desorden, lo curioso es que nos enteramos de todo lo que ocurre y no nos perdemos entre los personajes.
Mientras Arturo Zarco se encontraba en la costa mediterránea con su amiga Marina Frankel, la inspectora de Hacienda Paula Quiñones se presenta voluntaria para desenterrar fosas de la guerra junto a Rosa, así que acuden a Azafrán, un pueblo ficticio, donde son unas forasteras y nadie las quiere. El libro está claramente diferenciado en tres partes: En la primera parte, descubrimos la llegada de Paula al pueblo, cómo se siente observada por los visillos de las ventanas, cómo se hospeda en una antigua casa familiar reconvertida en un hotel rural, donde el hijo de los anfitriones aparece en su cuarto cada noche, y Paula, poco a poco, comprende que hay una familia que es más rica que las demás, y que su patriarca, Jesús Beato, aún vive, incluso acaba de cumplir cien años.
La segunda parte nos lleva a 1936, cuando un joven barbero va pueblo en pueblo cortando el pelo y la barba a los vecinos. Su nombre es Jesús Beato, y es de la Falange, por lo que no dudará en entregar las cabezas de los vecinos más pudientes y, a cambio, se quedará con sus tierras y sus casas. Jesús Beato crea una familia en una gran casa, allí viven sus hijos Luis, Samuel y Fausto. A Samuel le casa con Analis y tienen a su hijo David, un superdotado que estudió fuera y que se convirtió en farmacéutico (es quien acude al cuarto de Paula cada noche). Fausto sólo ha venido al pueblo a celebrar el 100º cumpleaños de su padre, ya que todo el mundo piensa que es homosexual y prefiere vivir lejos de las habladurías. Luis y su esposa Paquita viven en la capital, pero no quieren más que compartir un trozo del pastel.
En la tercera parte, Samuel es asesinado simulando que se ha ahorcado, y Paula es asesinada en una máquina que paraliza a las reses. Esto último es lo más aterrador  de la trilogía, aunque no describen la tortura es suficiente lo que se cuenta. 
En la última parte la que cuenta la historia es Luz Arranz, se la cuenta a Arturo Zarco, mientras le alecciona sobre la conveniencia de que siga con su hijo, ya que no es capaz de protegerle como fue incapaz de proteger a su ex mujer.

La excavación de la fosa de la guerra civil se basa en la excavación que se hizo, no hace mucho, en el pueblo burgalés de Milagros.

LA AUTORA:

Marta Sanz | Profesores de la Escuela Literaria
Marta Sanz es doctora en Filología. ha publicado las novelas El fríoLenguas muertasLos mejores tiemposAnimales domésticosSusana y los viejos y La lección de anatomía, así como cuatro poemarios (Perra mentirosaHardcoreVintage y Cíngulo y estrella) y dos ensayos (No tan incendiario y Éramos mujeres jóvenes). En Anagrama ha publicado las novelas Black, black, blackUn buen detective no se casa jamásDaniela Astor y la caja negra (Premio Tigre Juan, Premio Cálamo y Premio Estado Crítico); una versión revisada y ampliada de la que es posiblemente su mejor novela, La lección de anatomíaFarándula (Premio Herralde de Novela); Clavícula y una nueva edición de Amor fou, así como el ensayo Monstruas y centauras.

EL LIBRO:

Título original: Pequeñas mujeres rojas
Autora: Marta Sanz
Editorial: Anagrama (marzo de 2020)
Colección: Narrativas Hispánicas nº 692
ISBN: 9788433941329
Número de páginas: 344

Valoración: 8/10

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