Como las librerías están cerradas y como evitamos grandes hipermercados (donde sí venden libros), uno de mis hermanos cogió un libro que se había leído en un día, escribieron una magnífica dedicatoria y lo firmaron. Mis sobrinas, además de firmar (que ya no sólo ponen su nombre sino que rubrican con un garabato), hicieron unos dibujos muy tiernos. Creo que uno de ellos es Totoro.

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