Cuando cojo un libro de Stephen King sé que me voy a encontrar con un libro donde se describen hasta los puntos y comas, y es que realmente, cuando el lector se mete en sus historias, las puede vivir al máximo por lo descriptivas que son. Reconozco que algún libro de King incluso se me ha hecho pesado por este motivo, y aquí hay momentos en que estaba deseando que la acción fuera más rápida, pero en conjunto es una novela que me ha hecho disfrutar. Supongo que el tema, los jóvenes protagonistas, el poder de la mente y todo aquello que hace que la novela sea tal hacen que ahora, un rato después de llegar al punto final, considere que es una buena novela.
No es tanto de terror como otras, ni tampoco se acerca a la novela negra como en la trilogía que terminó de escribir hace mucho, y sin embargo tiene ese punto de inflexión donde nos quedamos realmente asombrados, por un lado, porque somos conscientes de hasta dónde puede llegar la crueldad humana y, por otro, por el magnífico poder de la mente. Los estudios indican que utilizamos una proporción minúscula del cerebro, ¿qué no haríamos si pudiéramos o supiéramos desarrollar todo nuestro potencial mental...?
En la novela, King nos introduce en los poderes de la telepatía (capacidad de leer la mente de otras personas) y de la telequinesia (capacidad mental para mover objetos), y podemos deducir que el autor se ha documentado fehacientemente.
Tim Jamieson, policía que huye de una misión que salió mal, se encuentra en un avión completo de pasajeros. La aerolínea ofrece dinero para que uno de los pasajeros se baje del avión a fin de que suba un personaje importante y Tim, después de un rato, decide bajarse. Hace autostop y termina de sereno en un pequeño villorrio de Carolina del Sur, el apacible DuPray.
En el estado de Minnesota vive Luke Ellis, un niño de doce años que aspira a estudiar dos carreras a la vez a esa temprana edad en una de las universidades más prestigiosas del estado. Pero eso no llega a ocurrir, porque una noche una mujer entra en su habitación y le secuestra. Cuando despierta descubre que se encuentra en una cama que no es su cama, ve una pared que no es la pared de su cuarto y en los armarios hay ropa que no es su ropa, pero alguien se ha esmerado en intentar que parezca su dormitorio.
Luke despierta en el Instituto, un lugar escondido en el estado de Maine donde hay otros niños de edades similares. Pronto descubre que esos niños, igual que él, tienen capacidades mentales superiores a la media, que son TP (tienen telepatía) o TQ (telequinesia). Son sometidos a pruebas donde se les intenta desarrollar y estimular su capacidad mental. Luke conoce a Kalisha, una niña que lleva más tiempo que el resto en la Mitad Delantera del Instituto. Si se portan bien, los cuidadores, los médicos y los celadores les entregan unas fichas para poder usarlas en las máquinas expendedoras (donde incluso, pese a que son niños, pueden comprar alcohol y tabaco) o en el ordenador que tienen en su dormitorio. Luke descubre que está restringido, pero conoce otras maneras de llegar a la información, y de esa forma descubre que los mismos que le han secuestrado mataron a sus padres y que él es sospechoso de su asesinato, pero se encuentra en paradero desconocido.
Luke habla con Kalisha, Nicky (uno de los niños mayores que se rebela contra las pruebas y contra los adultos que les están haciendo eso), las gemelas y Avery.
Avery Dixon, el Avester, es el más pequeño de todos, recién llegado, pero tiene una capacidad mental superior al resto de los niños. Gracias a él descubrirán que pueden hablar con la mente, ocultos de las cámaras que les vigilan. Ninguno de ellos quiere pasar a la Mitad Trasera del edificio, cuando se supone que sus mentes están preparadas, para formar una mentalidad común capaz de matar desde la distancia. Y por nada del mundo les gustaría conocer Vege Park, la parte trasera de la mitad trasera, donde los niños se han convertido en vegetales, han perdido su identidad y su mente emite un zumbido ensordecedor.
Luke ayuda a la celadora Maureen a librarse de los cobradores de una deuda que dejó su ex marido, le pone en contacto con un abogado, y ella decide ayudarle a escapar, junto a Avery.
Luke se convierte en la esperanza de todos los niños del Instituto, que saben que ha escapado gracias a la comunicación mental entre ellos. Luke escapa y recorre miles de kilómetros gracias a las ayudas que ha dejado en el camino Maureen, pero los médicos son capaces de descubrir en qué tren se encuentra, hasta que Luke salta en el apeadero de DuPray y conoce a Tim Jamieson.
Tim lo lleva a la comisaría, donde el pequeño les muestra el lápiz USB que le entregó Maureen, a fin de que crean su descabellada historia. Y Tim decide que tiene que ayudar a esos niños. Además, Luke sigue comunicándose con ellos con la mente, pese a la distancia.
No es tanto de terror como otras, ni tampoco se acerca a la novela negra como en la trilogía que terminó de escribir hace mucho, y sin embargo tiene ese punto de inflexión donde nos quedamos realmente asombrados, por un lado, porque somos conscientes de hasta dónde puede llegar la crueldad humana y, por otro, por el magnífico poder de la mente. Los estudios indican que utilizamos una proporción minúscula del cerebro, ¿qué no haríamos si pudiéramos o supiéramos desarrollar todo nuestro potencial mental...?
En la novela, King nos introduce en los poderes de la telepatía (capacidad de leer la mente de otras personas) y de la telequinesia (capacidad mental para mover objetos), y podemos deducir que el autor se ha documentado fehacientemente.
Tim Jamieson, policía que huye de una misión que salió mal, se encuentra en un avión completo de pasajeros. La aerolínea ofrece dinero para que uno de los pasajeros se baje del avión a fin de que suba un personaje importante y Tim, después de un rato, decide bajarse. Hace autostop y termina de sereno en un pequeño villorrio de Carolina del Sur, el apacible DuPray.
En el estado de Minnesota vive Luke Ellis, un niño de doce años que aspira a estudiar dos carreras a la vez a esa temprana edad en una de las universidades más prestigiosas del estado. Pero eso no llega a ocurrir, porque una noche una mujer entra en su habitación y le secuestra. Cuando despierta descubre que se encuentra en una cama que no es su cama, ve una pared que no es la pared de su cuarto y en los armarios hay ropa que no es su ropa, pero alguien se ha esmerado en intentar que parezca su dormitorio.
Luke despierta en el Instituto, un lugar escondido en el estado de Maine donde hay otros niños de edades similares. Pronto descubre que esos niños, igual que él, tienen capacidades mentales superiores a la media, que son TP (tienen telepatía) o TQ (telequinesia). Son sometidos a pruebas donde se les intenta desarrollar y estimular su capacidad mental. Luke conoce a Kalisha, una niña que lleva más tiempo que el resto en la Mitad Delantera del Instituto. Si se portan bien, los cuidadores, los médicos y los celadores les entregan unas fichas para poder usarlas en las máquinas expendedoras (donde incluso, pese a que son niños, pueden comprar alcohol y tabaco) o en el ordenador que tienen en su dormitorio. Luke descubre que está restringido, pero conoce otras maneras de llegar a la información, y de esa forma descubre que los mismos que le han secuestrado mataron a sus padres y que él es sospechoso de su asesinato, pero se encuentra en paradero desconocido.
Luke habla con Kalisha, Nicky (uno de los niños mayores que se rebela contra las pruebas y contra los adultos que les están haciendo eso), las gemelas y Avery.
Avery Dixon, el Avester, es el más pequeño de todos, recién llegado, pero tiene una capacidad mental superior al resto de los niños. Gracias a él descubrirán que pueden hablar con la mente, ocultos de las cámaras que les vigilan. Ninguno de ellos quiere pasar a la Mitad Trasera del edificio, cuando se supone que sus mentes están preparadas, para formar una mentalidad común capaz de matar desde la distancia. Y por nada del mundo les gustaría conocer Vege Park, la parte trasera de la mitad trasera, donde los niños se han convertido en vegetales, han perdido su identidad y su mente emite un zumbido ensordecedor.
Luke ayuda a la celadora Maureen a librarse de los cobradores de una deuda que dejó su ex marido, le pone en contacto con un abogado, y ella decide ayudarle a escapar, junto a Avery.
Luke se convierte en la esperanza de todos los niños del Instituto, que saben que ha escapado gracias a la comunicación mental entre ellos. Luke escapa y recorre miles de kilómetros gracias a las ayudas que ha dejado en el camino Maureen, pero los médicos son capaces de descubrir en qué tren se encuentra, hasta que Luke salta en el apeadero de DuPray y conoce a Tim Jamieson.
Tim lo lleva a la comisaría, donde el pequeño les muestra el lápiz USB que le entregó Maureen, a fin de que crean su descabellada historia. Y Tim decide que tiene que ayudar a esos niños. Además, Luke sigue comunicándose con ellos con la mente, pese a la distancia.
EL AUTOR:

Stephen King es autor de más de cincuenta libros, todos best-seller internacionales. Sus títulos más recientes son El visitante, Bellas durmientes (con su hijo Owen King), El bazar de los malos sueños, la trilogía Bill Hodges (Mr Mercedes, Quien pierde paga y Fin de guardia), Doctor Sueño... Su novela 22/11/63 (convertida en serie de televisión en Hulu) fue elegida por The New York Times Book Review como una de las diez mejores novelas de 2011 y por Los Angeles Times como la mejor novela de intriga del año. Sus libros de la serie La Torre Oscura e It han sido adaptados al cine. Le han sido concedidos los premios 2018 PEN America Literary Service Award, 2014 National Medal of Arts y 2003 National Book Foundation Medal for Distinguished Contribution to American Letters.
Vive en Bangor, Maine, con su esposa Tabitha King, también novelista.
EL LIBRO:
Título original: The Institute
Autor: Stephen King
Traductor: Carlos Milla Soler
Editorial: Plaza y Janés (1ª edición, en septiembre de 2019)
Número de páginas: 618
ISBN: 9788401022357
Valoración: 9/10
RETOS:
* Reto "Autores De la A a la Z", ocupando la K.
* Reto Genérico: Novela de terror.
* Reto 100 palabras 100 portadas: Miedo.

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