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He convertido el sagrado baño del domingo en una rutina reconfortante. Mientras espero a que se llene la bañera, me encuentro pensando en algunos asuntos. En que dentro de una semana tendré el mar a mis pies. En que la vida puede cambiar totalmente de la noche a la mañana. En él, con quien quizás hable mañana. En que los miércoles, a partir de ahora, estaré en otro pueblo montañoso, aunque sólo por las mañanas y que ese día le echaré mucho de menos. En lo que me gustaría quedarme atrapada en esa mirada tan especial...
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