
Sigo en la oficina porque he de hacer algo que tengo pendiente y tiene que ser antes del sábado.
Tengo la reserva en las manos y el billete de autobús impreso. Estoy con un pie en el mar.
Me gustaría tanto compartir mi ilusión con una persona, y es que ni siquiera se ha dado el caso de contarle mi salto de destino en destino hasta elegir un sitio de descanso que, realmente, apetece.
Me pregunto dónde estará. Me pregunto si habrá llegado ya a casa. Daría cualquier cosa por preguntarle cómo le ha ido el día, por tocarle el rostro y mirar fijamente esos ojos de mirada perfecta, por escuchar esa voz que hace soñar...
Debería irme a casa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario