
Parece ser que la tarde me ha llevado a la concentración sin apenas darme cuenta de las horas que pasaban rápidamente.
Cuando miro a las últimas horas, no a las de la tarde, sino a las de la mañana, lo veo todo como entre una espesa niebla, como si todo fuera muy lejano. Debía estar muy grogui.
Me tengo que preguntar por él. Ahora comprendo lo que le estoy echando de menos y quizás mañana no esté aquí para cruzarme con su mirada perfecta. Quizás haya vuelto en unas pocas horas o quizás esté toda la mañana en Ezcaray. Yo creo que en dos horas estaré de vuelta.
Necesito verle, necesito cruzarme con esos ojos donde se concentra todo lo mejor del mundo. Me pregunto dónde estará. Me gustaría susurrarle algo como: "Abrázame, que hace frío", aunque sólo con mirarle ya siento esa calidez que proviene de las personas a quienes queremos.
Me voy a casa, que ya va siendo hora.
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