domingo, noviembre 28, 2010

La sintonía dominical

Hace unos años odiaba los domingos, quizás porque me parecían carentes de todo. De pequeña tenía una maestra que me daba miedo y la víspera de escuela me entraba una ansiedad terrible y revisaba mil veces mis cuadernos asegurándome de que tenía todos los deberes hechos.
Hoy los dedico a descansar, nunca mejor dicho, y también a ronronear. Me acuerdo de ciertos momentos del sábado y, si por casualidad me he encontrado con alguien que hace que mi corazón se lleve un chispazo eléctrico, el domingo suelo encontrarme ausente y soñadora. Hoy he estado ausente durante la mayor parte del día. Soñaba que me despertaba a su lado y me sentía en la gloria.
Hay pocas personas que puedan inspirarme una desconexión total con todo, de todo menos de él. Él sigue activando mis sueños y mi imaginación, él sigue haciéndome sonreír, él es poseedor de esa mirada perfecta y de esa voz sensual.
Y he recordado lo que hice antes de cerrar los ojos. ¿Cómo iba a dormir sin decirle lo que no le había dicho antes?

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