viernes, noviembre 12, 2010

Lo que mana de la soledad

No me gusta estar sola en casa. Los animales no cuentan. Lo que ocurre es que he llegado a una casa vacía, algo que aquí en raras ocasiones ocurre. Siempre hay alguien.
Miro hacia la ventana y veo un cielo que resulta extraño porque, por un lado es completamente azul y, al fondo, se ven unos nubarrones tormentosos. Se está imponiendo el color azul. Es de una belleza extraordinaria.

En tardes solitarias como la de hoy, me imagino todo lo que podría contarle. Me imagino tumbada en el suelo, con los brazos cruzados bajo la cabeza, mirando al techo, y con ese ángel adorable al lado. Le pediría una historia. A veces simplemente prefiero escuchar sus historias y estoy segura de que tiene muchas que contar. Sólo por disfrutar del dulce sonido de su voz, de su forma de razonar y de describir las cosas, de sus palabras formando un recuerdo... Daría un mundo por un momento así de él.

No me gusta la soledad. Podría concentrarme casi en cualquier cosa y seguro que las horas pasarían raudas, podría incluso echarme una siesta que está de más porque no tengo sueño.

Pensar en esa persona tan especial me reconforta. Podría describir un millón de veces cómo es su mirada perfecta y siempre sería diferente.

Quizás lea un rato.

No hay comentarios: