El catamarán se llamaba Lady Shelley e íbamos a pasar todo el día en alta mar, aunque cerca de la costa. El fin era buscar ballenas y delfines. El barco constaba de tres pisos: el superior sin ningún tipo de cubierta, donde estuve casi todo el día y donde evidentemente me cogió el sol; el intermedio, cerrado y con acceso al mar, y cuando digo esto me estoy refiriendo a que tenía en su parte trasera escaleras que se hundían entre el oleaje marítimo; el inferior, formado por enormes cristaleras para poder contemplar a las ballenas en su hábitat natural.
Ir a ver ballenas no es algo que se pueda programar. Quizás tengas suerte y sean muchas familias las que se dejen ver o quizás se escondan bajo el mar y apenas ves más que un puñado. Esto último es lo que me ocurrió a mí, que el día era tan soleado que las ballenas decidieron ocultarse bajo el frescor de las aguas y apenas vimos a unas pocas familias.
Las ballenas que pueblan las aguas canarias se denominan ballenas piloto o calderones. A simple vista, son tan pequeñas que parecen delfines. Reconozco que me decepcionaron un poco (por su tamaño), que imaginaba que aparecería una 'señora' ballena tipo Moby Dick. Vimos muy pocas familias de ballenas, por lo general son muchas familias las que suelen dejarse ver, pero ese día quemaba el sol.
Estas ballenas se alimentan de calamares gigantes que se encuentran a muchos metros en la profundidad oceánica y que sólo suben a la superficie por la noche. Durante el día duermen.
Por la tarde se dejó ver algún delfín, pero en realidad estos brillaron por su ausencia. En los días menos calurosos suelen nadar y saltar siguiendo la misma trayectoria que el barco.
Lo que hace el catamarán cuando se encuentra a una familia de ballenas o a un grupo de delfines es parar los motores para no hacerlas daño, así durante horas.
Llegamos hasta el acantilado de los Gigantes, situado en la parte más occidental de la isla, y allí el barco abrió sus puertas hacia el mar. Es decir, paramos cerca de una cala para que se bañara quien quisiera, pero sin acercarse a la costa. Las gaviotas nadaban junto al barco, sobre todo porque era la hora de comer y mucha gente les tiraba alimentos al agua.
Los Gigantes es un acantilado al que sólo se puede acceder a través del mar. Tienen una altura media de 400 metros sobre el nivel del mar y es un lugar donde muchos amantes del mar acuden a bucear y explorar las profundidades oceánicas. Los guanches creían que allí acababa el mundo.
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