martes, noviembre 09, 2010

La montaña rusa

Las obras de la carretera son como una gran montaña rusa, aunque se conduce mejor que hace unos meses. Sin embargo, sigue todo lleno de conos naranjas y separadores (o como se llamen) rojos y blancos, pero sobre todo tiene muchas curvas. Ayer, cuando volvía, se había cruzado un camión; hoy ocurría otro tanto. Así que veo a los guardias desde muchos kilómetros antes gracias a unas potentes luces azules. Pero todos los días que llueve un poco me encuentro con el mismo panorama al volver a casa. El problema es que, a pesar de las curvas, se corre mucho en ese tramo. Antes había radares y la velocidad está limitada, pero, vaya, se hace caso omiso.
Me da mal fario encontrarme todos los días a los guardias, siempre en el mismo tramo.

Cambiando de tercio y, porque me apetece decirlo, el aire frío me ha encogido los huesos cuando iba hacia el coche. Pero el viento no me ha impedido ver el coche de esa persona tan especial. Y entonces me he sentido inundada de ternura, he sentido que estaba cerca y he imaginado que estaría guapísimo. Me gustaría contarle muchísimas cosas.

Es un ángel con un encanto especial.

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