martes, noviembre 09, 2010

Con la mirada anhelante

Quizás miro a la noche y pienso en él, quizás con esa mirada anhelante de quien desea, de quien quiere, de quien ama...
Quizás miro las bamboleantes hojas de un árbol que bailan al son del viento que toca unos violines invisibles, pero no veo esas hojas, sino que imagino la sombra que resultará de la copa de ese árbol y que resguarda a dos personas que han quedado atrapadas en la mirada del otro.
Quizás escucho conversaciones a lo lejos que se han convertido en murmullos ininteligibles y recuerdo esa voz tan sensual, anhelante de volverla a escuchar una vez más y otra y otra... y siempre.
Quizás cierro los ojos y recuerdo los rasgos perfectos de su rostro, su mirada serena y noble, su sonrisa que ilumina el día, el tacto sugerente de sus dedos.
Y cuando pasan las horas y las horas dan paso a los días que se terminan es cuando me sorprendo recordándole, echándole cada noche un poco más de menos, anhelándole, queriéndole cada vez más, me descubro dibujando mentalmente su imagen angelical una vez más y comprendo cuánto le quiero.

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