Islas Canarias vistas desde el satélite
Hay una descripción que me dijeron de las islas Canarias que explica perfectamente cómo son estas islas: “son hijas de la misma madre pero con diferente personalidad”. Y es que cada una de las siete islas es diferente, por muy cerca que se encuentren, ninguna es ni remotamente similar a la vecina. Tan próximas están que desde donde yo estaba, en el sur hacia el oeste, se podía ver La Gomera; o cuando nos acercábamos al acantilado de Los Gigantes (el punto más occidental de la isla de Tenerife) se podía observar el perfil de La Palma; y mientras íbamos por la autopista que va desde Santa Cruz por la costa hacia el Sur podíamos contemplar la isla de Gran Canaria.
Lo que tienen en común es que todas son islas volcánicas y han surgido del mar, pero no aparecen en el mismo momento del tiempo. Por ejemplo, si mal no recuerdo, La Gomera es más antigua que Tenerife, ya que los vulcanólogos estiman que surgió unos 200 ó 300 años antes. También son islas antiquísimas.
Se sitúan en la Macaronesia, nombre con que se designa a la región donde se sitúan varios archipiélagos e islas de origen volcánico cercanos a África: islas Canarias, Madeira, islas Azores, islas Salvajes y Cabo Verde.
Las islas Canarias, desde antiguo, han recibido numerosas denominaciones. Se consideraba que, por su situación en el océano, fueron escogidas por los dioses para que las almas de los justos gozaran de la eterna felicidad ultraterrena.
También recibió otros nombres: Campos Elíseos, Paraíso de los Elegidos, Islas Felices, Islas Afortunadas, Jardín de las Hespérides (en la mitología griega, las seis doncellas que guardaban el jardín de las manzanas de oro) y otros.
Una de las numerosas teorías sostiene que la palabra “Canarias” proviene del latín cannis (perro), por los perros de grandes dimensiones que se encontraron en las islas.
Tienen un clima peculiar y, quizás para el turista acostumbrado a una temperatura moderada, resulta sorprendente. Realmente allí abunda el microclima: en el Teide puede estar nevando mientras que si bajas a los 500 metros sobre el nivel del mar (en media hora) te encuentras un tiempo estival perfecto para ir a la playa; o puedes entrar de repente en la espesa niebla que cubre eternamente el cielo de San Cristóbal de La Laguna, que parece realmente que estás entrando en la antigua laguna que allí existió, y tener que soportar una llovizna incesante, porque el de La Laguna es un clima húmedo la mayor parte del año.
¿Qué es lo que hace que el clima sea tan especial? Porque son islas tropicales y sus magníficas playas lo convierten en destino turístico donde dicen que nunca llueve y tienes sol la mayor parte del año. El clima viene producido por los vientos. Desde el anticiclón de las Azores, pasando por Madeira, llegan los vientos alisios, que se encuentran a una temperatura de 800 metros sobre el nivel del mar. Cuando llegan a Tenerife (por poner un ejemplo, ya que todas las islas canarias superan esa altura), los vientos chocan contra los volcanes que no les dejan pasar, por lo que descargan el agua sobre el Norte de la isla (valle de La Orotava, Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife, Icod de los Vinos, etc.; gracias a esto el valle de La Orotava es la zona más fértil de la isla y eso es algo que se puede observar a simple vista). Es por esto que el Norte de Tenerife es mucho más verde, tiene una vegetación variada y suele estar más nublado. Eso no le resta turismo, porque los alisios son vientos en movimiento constante. Lo que ocurre en invierno, o al menos en esta época, es que los alisios entran por el Oeste, por lo que llegan al Sur, de ahí que yo muchos días viera nubes justo en la cordillera que teníamos detrás: las nubes se quedaban allí, no seguían su curso hacia el mar. Al no llegar desde el Norte, las temperaturas habían cambiado: en Santa Cruz de Tenerife hubo más sol que en el Sur.
El Sur es más árido y seco, tiene menos vegetación y apenas se percibe la humedad beneficiosa de los vientos alisios. En cambio, al Sur llegan otros vientos: los que proceden de África, los vientos subsaharianos y la famosa calima, el polvo que llega desde el desierto y que cubre las islas con una especie de niebla blanca que no permite su visión. Por tanto, el Sur goza de mejores temperaturas y de más sol. No es de extrañar que la mayor parte del turismo se concentre en esa pequeña parte de la isla: Costa Adeje, Playa de los Cristianos y Playa de las Américas. Y ahí, en Costa Adeje, es donde estaba yo.
Imagen del subsuelo oceánico de las islas Canarias
El Teide, la montaña más alta de España, se ve casi desde cualquier punto de la isla, y también desde las islas próximas. Y es impresionante. Pero al Teide le dedicaré otra entrada más adelante.
La gente de Canarias es muy abierta. Tienen un acento que parece más de Venezuela que de España. Y es que muchos canarios emigraron a Venezuela, pero hoy en día están volviendo; siempre se han sentido más cerca de Venezuela y también hablan con un acento similar al venezolano. Que nadie me pregunte por qué, porque no lo sé. Están acostumbrados al turismo y no les cuesta entablar una conversación. Generalmente te hablan en inglés de inicio, aunque tengas los rasgos de una española.
Los tiferneños no soportan a la gente de Gran Canaria. A mí me recomendaron visitar las cinco islas restantes. La que quedaba era Gran Canaria, que ni siquiera la nombraban porque consideran que no merece la pena visitarla. Tenerife y Gran Canaria se odian a muerte, como ocurre entre muchos pueblos vecinos. Tienen un conflicto político desde hace años por la capitalidad de las islas (entre otras cosas), ya que Gran Canaria considera que Las Palmas, su capital, merece esa capitalidad que ostenta Santa Cruz, en Tenerife. Es un tema que yo tengo escuchado desde los años universitarios en que he visto discutir entre sí a gente de las dos islas y ninguno entraba en razón.
Los plátanos de Canarias son exquisitos. Aquí siempre nos llegan los plátanos más pochos. Allí están amarillos y con una presencia tan increíble que dan ganas de comérselos todos. En general, cualquier tipo de fruta. Ya que la comida no era muy buena, al menos podíamos disfrutar de la fruta y las ensaladas. Si la comida dejaba mucho que desear, las bebidas (malvasía, ronmiel, orujo canario) estaban riquísimas, aunque tengo una pega al respecto, ya que el vino tinto estaba como aguado, no tenía cuerpo ni color. Aunque las islas son productoras de vinos desde tiempos remotos. En Lanzarote hay unas viñas que quizás tenga que ir a ver alguna vez y, posiblemente, sea otro tipo de vino. Me refiero a las viñas que están rodeadas por el terreno, como si estuvieran metidas en agujeros. Supongo que, si alguna vez voy a Lanzarote, las visitaré.
Todas las islas están comunicadas tanto por vía marítima como por vía aérea. Pero en algunas, por su pequeña extensión, no se puede volar desde la Península, porque tienen aeropuertos muy pequeños. Por ejemplo, no podemos volar desde Madrid a La Gomera porque su aeropuerto es minúsculo, pero sí existe una compañía aérea canaria con aviones más accesibles para ese tipo de aeropuertos. Es obvio que por los accidentes geográficos no pueden construirse enormes pistas para los aviones (con la velocidad de aterrizaje caerían al mar, por eso tienen que ser aviones muy pequeños, más parecidos a avionetas). Y, sin embargo, por mucho (tiempo y dinero) que les cueste, están creando autopistas en todas las islas. En La Gomera tardarán, pero terminarán haciendo su autopista y, curiosamente, esa carretera de montaña llena de curvas es increíblemente amplia, tanto que te terminas preguntando cuánto tiempo han tardado en construirla. En Tenerife hay autopista en toda la parte oriental. Esa autopista tiene su origen en el litoral Norte, un poco antes de Puerto de la Cruz, en un municipio llamado Los Realejos, que pasa por La Orotava, va en dirección a La Laguna y Santa Cruz de Tenerife, baja junto al mar por toda la costa oriental, bordea toda la punta Sur y termina en la localidad de Adeje, ya al inicio de la costa occidental. Que conste que los tiferneños están construyendo el resto de autopista, desde Adeje hasta Los Realejos, con lo que la carretera daría una vuelta completa a la isla, en lo que se llamará “el Cordón Circular” (o algo similar, lo estoy escribiendo de memoria).
Por cierto, a los de la Península nos llaman "godos".
Seguro que me dejo muchas cosas en el tintero, cosas que iré comentando a lo largo de los próximos días. De momento, creo que, a modo de introducción general, podría valer por hoy. Puedo decir que yo me quedé enamorada de aquello, tanto como para desear volver el año que viene. Canarias tiene un encanto especial. Y hay mucho que ver. Sólo estuve en dos islas: Tenerife y en La Gomera, y realmente son dos islas diferentes entre sí, no tienen nada que ver una con la otra. Lo he dicho al comenzar: “hijas de la misma madre, pero con personalidad propia”, y es que ahí es donde se resume casi a la perfección lo que son las islas Canarias.
Plátanos de Canarias
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