
Llevo unos días con catarro y mucha leche con miel. Pero ayer empecé a toser sin parar, me pone nerviosa toser, así que fui a la farmacia a que me dieran Bisolvón para atenuar la tos. Me tomé tres tragos a lo largo de toda la mañana, lo que me llevó a echar una cabezada antes de volver a la oficina a las cuatro. Decidí que no podía tomar más, ya que me entraba mucho sueño.
Esta mañana, antes de salir de casa, me he echado otro traguito, cuando aún no había desayunado. A lo largo de toda la mañana parecía que estaba flotando, porque realmente parecía que estaba colocada. He optado por no tomar más jarabe, que parece ser que me sienta mal. Siempre me quedarán los caramelos de menta para la tos, aunque ya apenas toso.
Lo que recuerdo a la perfección es la sed, por lo que he venido con varios botellines de agua que he apurado a lo largo de toda la mañana.
Recuerdo todo entre brumas. Recuerdo con quiénes he tomado el café y sus conversaciones me sonaban muy lejanas. Recuerdo haberme quedado mirando al infinito mientras alguien me hablaba al teléfono.
Una y no más. No volveré a tomar de ese jarabe, aunque otras veces en que he tenido catarro lo tomaba y no me había ocurrido nada parecido con anterioridad.
Nunca me han gustado las medicinas, sólo las tomo como último remedio. El catarro se termina marchando de forma natural, pero cuando la tos no se puede aguantar, como me ocurría ayer, tuve que buscar una solución. Ha sido peor el remedio.
Y encima no le he visto.
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