Cuando más tranquila me encontraba ha sonado el teléfono. No tenía claro si contestar porque sabía que esa llamada me iba a suponer media hora mínimo. Pero una vez alguien sabio me dijo que si no contestaba la que pecaba era yo, y en cualquier caso luego tenía que devolver la llamada porque estaría "pecada" hasta hablar con la persona que me había llamado. Así que siempre contesto o devuelvo las llamadas. Lo cierto es que me he estado riendo. Últimamente río mucho más. Y la llamada ha sido de tres cuartos de hora, suficiente para desconectar de la última novela, que me tiene subyugada por la ternura que desprende.
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