martes, noviembre 28, 2017

Esperando al amigo invisible

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Creo que mi madre ya tiene preparadas en su casa las papeletas del amigo invisible. Lo creo porque me dijo que este año entraba en el juego la novia de mi hermano pequeño. En mi familia llevamos haciendo el amigo invisible desde hace algunos años porque de la otra manera supone un gasto extraordinario para algunos bolsillos. Y es que no es sólo eso, que hay que sacar tiempo para comprar regalos. 
El año pasado mi sobrina Paula me chivateó quién le había tocado a quién, por lo que yo ya sabía el: "a mami le has tocado tú". Seguro que este año pregunta a todos y me lo vuelve a chivar. También sabía el mío. Claro, yo le dije que tenía que leer el nombre tan largo que ponía en el papel. Como su padre y su abuelo se llaman igual había una segunda palabra para distinguirlos. Pero no debí ser la única que le dijo que leyera el papel. 
Este fin de semana creo que cada uno traerá su papeleta.

Hace dos años tuve que poner el árbol en el piso donde nos encontrábamos de alquiler. Me agencié un árbol y adornos aquí donde vivo y me dejé caer para adornarlo. Recuerdo lo triste que me sentía decorando el árbol yo sola, cuando todos estaban en el hospital. Y yo me obligaba a poner el árbol porque sabía que a mi madre le iban a dar "altas temporales" esa Navidad y que tenía que estar todo listo para cuando ella saliera. El año pasado fue diferente, porque me encargué únicamente de dejar el árbol y esperar a que vinieran mis sobrinas y lo decoraran ellas. Así que decorar el árbol de Navidad me trae alegría y tristeza a partes iguales. 

La Navidad es una época entrañable, pero se pierde el sentido de su origen. Me siento avasallada cuando intentan "meterme" todo por los ojos. Al final, lo más importante es disfrutar de todas las personas que están a nuestro alrededor. Al final, no deja de ser una época de consumismo que no lleva a ninguna parte. Como el Black Friday o el Cyber Monday (todavía quedan días de la semana para que inventen más) o el día del Padre, de la Madre, de los Enamorados, del Libro, de..., de..., de... Y luego llenamos nuestras casas de cosas que muchas veces quedan inservibles o que no llegamos a utilizar. Digamos que el Día del Libro yo sí lo celebro, así que también caigo en ese consumismo exacerbado.

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