Cuando llega el viernes sólo pienso en lo tranquilizador que es el fin de semana, siempre que no tenga algo de trabajo. Y ése es el caso de este fin de semana. Como no tengo reuniones este fin de semana, podré dedicarlo a recuperar fuerzas. Eso quiere decir que me voy a tomar todo con tranquilidad. Lo que toca es un buen libro, ermita en mi pueblo, cerveza con amigas, paseos al sol anaranjado del atardecer y no pensar en nada más. Es decir, que este fin de semana desconectaré.
Como cualquier viernes por la tarde estoy cansada porque llevo sobre la espalda todo el ajetreo de la semana. Y este viernes estoy todavía más cansada porque me he levantado una hora y media antes de lo habitual. Es lo que toca cuando tienes que hacerte análisis. Me miraba el enfermero y me decía que no me encontraba las venas y yo le miraba y sólo pensaba en el colosal desayuno que iba a tomar después. Al final me ha pinchado en la mano y tengo un moratón interesante.
El hecho de haber madrugado tanto me ha llevado a arrastrar los pies a lo largo del día. Hemos estado de celebración y tengo que decir que me encanta la gente que siempre está sonriendo, que nos brinda energía positiva. Y hoy ha sido un día positivo, pese a mi cansancio. Hoy sé que estaré durmiendo antes de la medianoche.
En general, tengo que decir que esta semana he recibido muchas vibraciones positivas. He decidido tomarme las cosas con tanta calma que incluso yo misma me encuentro demasiado relajada.
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