miércoles, noviembre 29, 2017

Der Schwarzwald**

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Uno de los lugares con más magia del mundo y que no nos pilla tan lejos es la Selva Negra (Der Schwarzwald). Durante un mes estuve en esa zona especial bajándome del tren cuando me apetecía, como una aventurera, sin saber dónde dormiría esa noche y sin preocuparme por nada. Eso tiene múltiples ventajas, porque conocí rincones inesperados, y además descubrí la amabilidad de las gentes que vivían entre bosques ancestrales y lagos inaccesibles. Visitar la Selva Negra era un punto y aparte en la moderna Alemania. Porque acostumbrada a viajar en trenes de alta velocidad por todo el país, en la Selva Negra no habían llegado los últimos avances y me subí en trenes de madera, de esos cuyo traqueteo se escucha muy alto, con duros bancos de madera, pero desde sus ventanillas admiré cada paisaje que pasaba ante mis ojos. Y es que las panorámicas de la Selva Negra eran verdaderamente extraordinarias.
Me gustaba mucho la arquitectura típica de la zona, admiré todas y cada una de sus casas, rodeadas de un verde infinito. Adoraba los mercados callejeros en las zonas donde había lo que podría llamarse un "centro poblacional" y disfruté de la artesanía típica.
Son típicos de la Selva Negra los relojes de cuco. Desde pequeña, cuando me regalaron uno, siempre he estado acompañada por el cucú incesante del pajarito marcando las horas. Cuando se paraba volvía a darle cuerda, para martirio de mis hermanos, que no les hacía gracia escucharle en cada hora y la serenata de las doce del mediodía. Como no podía ser de otra manera, también traje un reloj de cuco de la Selva Negra. En realidad aún no lo he colgado porque no me veo con un taladro en mi casa, pero ya le diré a alguien que me lo cuelgue, cuando sepa qué voy a poner en las paredes, que igual las dejo blancas porque el blanco me aporta serenidad. 
Hoy en día no sabría decir todos los sitios que conocí en la Selva Negra. Recuerdo que el punto de partida y de regreso era Stuttgart y que crucé la Selva Negra entera hasta Konstanz, pasando por Baden-Baden (famosa por sus baños termales y donde, obviamente, disfruté de la estancia en un balneario), Freiburg, Villingen-Schwenningen y Offenburg. 
En realidad, he tenido que mirar "una chuleta" y es que he recordado que en la Selva Negra compré un cuaderno de viaje que rellené con vivencias y dibujos, y no sólo de Alemania, sino de otros viajes. Hoy en día sigo haciéndolo, sólo que llevo un cuaderno en blanco y lo ocupo con un único viaje. 

**Der Schwarzwald, del alemán: La Selva Negra (schwarz: negro; Wald: bosque).

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