miércoles, noviembre 22, 2017

Como los duendes del cuento

Cuando era pequeña leí un cuento de un zapatero remendón que un buen día por la mañana se encontró unos zapatos hechos en su taller. Los vendió y pudo comprar más material para hacer más zapatos. Todas las noches dejaba el material y al día siguiente tenía los zapatos hechos porque unos duendecillos entraban de noche en su taller y le ayudaban a prosperar.
Pues hoy me siento como una duendecilla de ese cuento. Porque no es que me haya traído trabajo a casa, es que me falta documentación.
Lo que menos me apetece es regresar a la oficina a hacer algo que mañana nadie más que yo sabrá quién ha hecho. Y desde luego yo no creo en los duendes. Sé que si voy haré todo el trabajo, mientras en casa sólo iba a hacer una parte y dejar el resto para mañana a primera hora.
Bien sé que a medianoche habré regresado más ligera.

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