Hay un restaurante japonés en Logroño que acaba de ganar una estrella Michelín. Sólo hay sitio para diez comensales y el cocinero -que es de la Rioja Baja y no japonés- va cocinando delante de los comensales.
Lo malo es que al ganar hace poco esa estrella Michelín hay una lista de espera de varios meses. Hace unos días vacilaba a mi cuñada y le decía: "Como tu cumpleaños es en julio acabas de darme la idea de qué regalarte". Y entonces otra amiga soltera me decía: "Deberíamos ir tú y yo entre abril y mayo y celebrar nuestros cumpleaños" (mi cumpleaños es en abril y el suyo en mayo). Yo creo que voy a optar por la segunda opción. Adoro la comida japonesa. Pero no siempre fue así, porque cuando fui a Japón lo que más me echaba para atrás era la comida, y allí me encantó todo lo que comía: el arroz, las sopas, el ramen, sushis y sashimis, las verduritas, también anguila y pescados varios. Así que vine enamorada de la comida japonesa. Excepto el wasabi que no sabía que lo comía hasta que empecé a toser por un picor muy intenso en la garganta, y el pez globo, que aunque los japoneses controlen al partirlo no quise arriesgarme.
Entonces tengo que reservar cena para dos en el Kiro Sushi para finales de abril y principios de mayo. Es un autorregalo que nos hacemos.
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