domingo, noviembre 19, 2017

Buenas acciones

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Soy de esas personas que piensan que las buenas acciones siempre se nos revierten multiplicadas por tres. Siempre intento ayudar si está en mi mano, y no porque esté buscando buena suerte, sino porque me siento bien cuando hago una buena acción. Soy de las que ceden el asiento en el transporte público o llevan las bolsas de la compra. 
Una vez vino a mi oficina un chico que me dijo si le ataba los cordones de las zapatillas. El muchacho tiene entre 20 y 30 años y le adoro. Cuando hablé con él comprendí que tenía cierto retraso. Y cuando estas cosas ocurren me vuelvo muy protectora. Siempre me saluda cuando me ve por la calle. Desconozco si es consciente de mi nombre o de qué me conoce. Lo cierto es que una vez, cuando me encontraba en un bar, a punto de marcharme de vacaciones a Milán, él llevaba una camiseta del F.C.Barcelona, mientras televisaban un partido entre el Barça y el A.C. Milán. Le pregunté de qué equipo era y le conté que en unos días me iría a Milán. A todo esto hay que tener en cuenta que yo le hablaba normalmente, aunque no sé hasta qué punto era capaz de comprenderme. Y finalmente le dije que le traería una camiseta del A.C. Milán. 
Cuando le di la camiseta el muchacho no sabía cómo darme las gracias. Dos días después su madre me traía un regalo -que no debía haberse molestado-. Me explicó que habitualmente la gente no trataba bien a su hijo, y que se sentía muy agradecida porque yo había tenido un detalle con él que le había puesto muy contento. 

Hoy me he visto obligada ir a los chinos a por pan. Hace unos días leí que para qué diablos se molestan los chinos en poner nombres a sus tiendas si nosotros siempre vamos a decir que vamos "a los chinos". Lo cierto es que yo no suelo ir a tiendas de chinos, pero hoy se me ha hecho tarde y realmente son los únicos sitios que se encuentran abiertos los domingos. Allí había un chico que conozco de la Peña del Barça -que posiblemente dejará de ser del Barça y termine siendo una peña del fútbol desligada de cualquier equipo- y el chico estaba nervioso porque no le llegaba el dinero. Entonces le he preguntado a la china cuánto le faltaba. Por veinte céntimos le he dicho que se lo pagaba yo. Espero que no venga su madre mañana con una maceta. Yo simplemente he hecho mi buena acción del día. Ya sé que el muchacho estará eternamente agradecido. 

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