
Hay personas que consiguen sacar nuestro lado más positivo,
nuestro lado más humano, nuestro “yo” más bondadoso. Contagiada por aquel
fragmento de El Principito y la rosa, pienso que hay personas que son tan
sutiles como las flores, tan frágiles que de repente aparece un deseo inaudito
para que no se rompa nada de lo que les rodea. Las flores nos colorean nuestro
mundo con su belleza, de ahí que sea necesario que las reguemos cada día. Y
sabemos que su vida es tan fugaz que a veces cuesta desprenderse de esa belleza,
de su fragilidad y de su delicadeza. No deseamos que se terminen marchitando o
deshojando demasiado pronto. Y es importante cuidar de esas flores. A diferencia de las flores, el ser humano tiene
muchos años por delante antes de que se marchite.
Debo reconocer que hay personas que consiguen tocarme el
alma. Y con ello quiero decir que me encuentro a gusto en compañía de esas personas,
cuando las palabras salen naturales, la confianza es mutua y no terminas
cansándote nunca de compartir instantes con esas personas.
Me encantan esos instantes inesperados que nos regalan
personas que, en algún momento, nos han tocado el alma. Si una persona es capaz
de sacar todo lo bueno que llevamos dentro esa persona, sin duda alguna, se
merece un mundo. Hoy me encuentro llena de energía positiva.
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