
Cada vez que llueve es inevitable recordar el pavimento mojado de la Plaza Mayor de Salamanca. Cada vez que llueve vuelvo a recordarme muchas veces paseando por esa plaza y disfrutar del momento. De hecho, a mí me gusta salir después de que ha llovido porque me embriagan los olores a tierra mojada, a frescura, a... vida. Pero también es cierto que me recuerda a Salamanca, a muchos instantes en que yo caminé por esa plaza y era consciente de que la lluvia me mojaba, escuchaba el crepitar de mis pasos sobre el suelo y no me importaba regresar calada hasta los huesos. Creo que desde entonces evito los paraguas. Y es que si no los pierdo me terminan estorbando, y es que no me importa mojarme cuando llueve.
La lluvia me recuerda también a 2010, cuando viajé a Japón. Era el mes de junio y yo, sin saberlo, aterricé en el País del Sol Naciente en temporada de lluvias. A los pocos días ya sabía si llovería o no, y es que cuando visité Japón llovía en días alternos. La última semana, cuando me encontraba en Tokio, me dio por comprar un paraguas transparente que en unas horas se me había olvidado en una ajetreada estación de tren.
La lluvia me recuerda siempre los lugares a los que quiero regresar. Y es curioso, porque desde que me fui de Salamanca, a la que durante un tiempo consideré mi segunda ciudad, no he regresado. Y es una ciudad que me encanta. Quizás a veces prefiero rememorarla desde mis recuerdos, porque soy consciente de que lo que viví allí es parte del recuerdo, y el recuerdo se embellece con el paso del tiempo. Quizás pospongo ese viaje de regreso porque la veré con otros ojos y con otra perspectiva, aunque si regreso espero que llueva un día con el único fin de chapotear por esa impresionante Plaza Mayor.
Y Japón... algún día volveré, lo tengo clarísimo. No llevaré paraguas, pero sí me gustaría que lloviera algún día. Porque en Tokio me quejaba yo de la lluvia después de haber hecho un crucero por el río Sumida cuando alguien me dijo -en un castellano colombiano-: "El tiempo siempre es el que tiene que ser". No me importó que lloviera hasta ese momento, cuando vas a disfrutar de un crucero por el río y no para de llover y no puedes ver el perfil de Tokio desde el agua. Motivo de sobra para regresar...
Si hablo hoy de la lluvia es porque me hace atesorar momentos. Porque hoy también ha llovido, y ayer. Y que no pare.
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