jueves, noviembre 23, 2017

La flauta dulce

Mi vecinita tiene ocho años y toca la flauta dulce. Ahora está ensayando porque las notas salen por las ventanas. Creo que podría darle un truco para que las notas sueltas terminen siendo canciones.
Cuando era pequeña en la primera clase de música no me enteraba de nada y es que no había tocado una flauta nunca. Parecía que casi todos mis compañeros sabían tocar la flauta. Así que me sentí fatal, pero no me conformé. No tenía las pautas pero tenía la música escrita en su pentagrama. Entonces un día me senté frente al cuaderno y empecé a asociar la nota musical con el número de dedos y su posición en la flauta, tomando como base SOL-3 dedos arriba. Así que a partir de entonces yo ya no veía notas musicales sino números. Después aprendí solfeo de manera autodidacta, pero ya era tarde porque mi método numérico me había salvado de la clase de música, y no sólo eso, llegué a sobresalir.
Cuando mi hermano pequeño tuvo música también se aturullaba con la flauta, incluso la profesora llegó a decirle que ensayara conmigo. También le transmití mi método y desde entonces le fue bien. No es un método muy ortodoxo, pero yo al principio no sabía música y tenía que encontrar un sistema que me sacara las castañas del fuego. Me fue bien.
Más tarde tocaba canciones de oído en un órgano y trasladaba al papel las notas. Así que al final la música no se me daba mal.
Luego la abandoné por el dibujo, que también se me da bien, pero no tengo paciencia. Ahora sólo dibujo para mis sobrinas.
Al final cambié el dibujo por la escritura. Y escribir me relaja tanto. No sólo me gusta escribir, es que ya me relajaba con quince años, cuando había que crear, lo que me recuerda que yo escribía mis propias poesías y para medio internado, hasta que un día el profesor le dijo a un interno que cómo era posible que hablara como una chica.
Es curioso que a veces se nos den tan bien varias cosas juntas, y más tratándose de las artes. Debe de tratarse de hacer las cosas con pasión, y siendo apasionados es difícil que las cosas salgan mal.
Se me daban mal las matemáticas, porque ahí por mucha pasión que pusiera... no había nada que hacer. Curiosamente hoy en día una parte de mi trabajo son números.

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