Conozco a muy poca gente que no le guste el chocolate. A mí me encanta aunque no suelo comer mucho. Pero ayer, entre espumas y otros postres raros, me decanté por el chocolate.
Tampoco sé cómo me dio por tomar postre porque casi nunca como postre. Y es que no me gusta casi ningún postre dulce, generalmente con motivo de las texturas.
Mi chocolate tenía un ser viviente de gelatina que me produjo un rechazo intenso. De hecho una amiga me dijo que si quería que se lo cambiara por su espuma de yogur. Estuve apartando la gelatina que parecía que tenía vida propia hasta que no quedó nada de chocolate.
Y es que el chocolate estaba buenísimo. Sabemos que el chocolate es chocolate y no defrauda.

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