martes, noviembre 14, 2017

Dos princesas

Dice una máxima que a quien Dios no le da hijos el diablo le da sobrinos.
Hoy me he acordado de mis sobrinas porque cuando estoy más de dos semanas sin verlas ya las echo mucho de menos.
Me quejo del mes de agosto porque es un mes de mucho trajín, laboralmente hablando. Pero es un mes en el que veo a diario a las pequeñas.
Hoy me ha dicho su padre que vaya preparando un árbol de Navidad en mi casa porque las niñas han preguntado si los Reyes Magos van a venir a mi casa.
Me hace gracia porque yo volví a disfrutar de la Navidad por las pequeñas, pero es una época que no me gusta nada. No me gusta lo que conlleva y sobre todo el materialismo que lleva implícito, lo que la convierte en una festividad un tanto superficial.
Como no me gusta también obvio todo lo que conlleva: adornos navideños, dulces típicos, multitud de regalos, villancicos. Pero como es una época especial cuando hay niños, vuelvo a cantar villancicos y a celebrar que hay un vejestorio viejo y borracho que se mete por las chimeneas de las casas. Cuando yo era una chiquilla sólo celebrábamos la llegada de los Reyes Magos.
Desde hace unos años pongo el árbol en la casa de mis padres, pero ¿en mi casa?
Seguro que mis sobrinas se salen con la suya y consiguen que adorne mi piso esta Navidad.

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