Pistas de atletismo del Adarraga, Logroño
Se puede decir que he dejado de fumar completamente. Pero como soy reacia a decírselo a familiares y amigos de momento, aún sigo diciendo que lo estoy dejando. Supongo que mañana, con mis amigas, me enfrentaré a una prueba de fuego, ya que la mitad de ellas fuman. Tampoco me cuesta mucho decir que no y la verdad es que no sabemos la fuerza de voluntad que tenemos hasta que pasamos por algo así. Simplemente hay que saber decir que no.
Yo pensaba que el "mono" venía tan fuerte como suelen venir las adicciones, pero el verdadero "mono" llega de otra manera, en el momento en que apetece fumar y piensas que si fumas recaes y que si compras tabaco pasarán años antes de volver a pensar en dejarlo. Como aún no ha pasado una semana, sigo diciendo que lo voy dejando.
Dejar de fumar me empuja a hacer otra cosa que tuve que dejar justamente por el tabaco. Antes de fumar, yo corría fondo. Me pregunto si en todos estos años habré perdido resistencia, esa resistencia que se perfilaba en las pistas de atletismo del Adarraga. Y hoy he comprendido que quiero volver a correr, y que será de manera amateur. Esto además podrá limpiar más rápidamente mis pulmones, aunque soy consciente de lo mucho que me costará al principio, cuando me dé el flato y tenga ganas de abandonar.
Hoy he recordado las sensaciones que me aportaba correr. Cuando después de media hora me tumbaba en el césped mareada pero muy ligera. Me sentía como un ave libre. Y me gustaba que el aire me azotara en el rostro, la cantidad de cosas que pasaban por mi cabeza, ese "un poco más", el haber aprendido a respirar sin forzar el paso.
Tengo un hermoso lugar muy cerca donde puedo ponerme en práctica. Daré un tiempo a que mi cuerpo se habitúe a pasar sin tabaco y entonces volveré a correr. Porque hoy he recordado las plácidas sensaciones. Ahora comprendo una de las cosas que me gustaba y me quitó el tabaco, porque llegó un momento en que me cansaba tanto que tuve que dejar de correr.
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