jueves, noviembre 30, 2017

Cuando dibujaba edificios de otras ciudades

En 2004 compré un cuaderno de viajes en la Selva Negra y plasmaba en él pequeñas anotaciones de esos viajes. También dibujaba. Podría recordar incluso las circunstancias y el momento en que yo me encontraba relajada dibujando cualquier edificio que tuviera enfrente. Desde entonces ese cuaderno me acompañó por varias ciudades de Europa. 
Turm am Villingen (Torre en Villingen). Se refiere a una torre defensiva que había en Villingen. La ciudad era en realidad Villingen-Schwenningen, dos ciudades que se habían unido y que sólo las separaba un río cuyo nombre no recuerdo.
El año anterior ya había visitado las principales ciudades alemanas y reconozco que me había propuesto probar todos los tipos de cerveza que encontrara. Debo reconocer que hasta entonces yo no probaba la cerveza, pero en Alemania me aficioné. En Villingen me encontraba tomando una cerveza en una terraza (Biergarten) frente a esta torre que separaba la zona vieja de Villingen de la parte moderna de la ciudad.

En el puente de diciembre de 2004 fui con una amiga desde Salamanca a Barcelona pasando por Madrid. Y esto fue así porque, aunque hay tren directo que une ambas ciudades y que cruza Castilla y León, La Rioja, Aragón y Cataluña para desembocar en Barcelona Sants, habíamos trasnochado y no llegamos al tren que salía a las ocho en punto. Como no nos apetecía regresar a casa, buscamos una alternativa y nos subimos a un cercanías hasta Madrid-Chamartín, y de allí tuvimos que cambiarnos a Atocha para pillar un tren que desembocara en Barcelona. Si debíamos haber llegado a Barcelona a las cinco de la tarde, con esta odisea de viaje arribábamos a la ciudad condal cuatro horas más tarde.
En el viaje, como mi amiga se durmió, dediqué a dibujar la Sagrada Familia, sacada de una guía de Barcelona que me acompañaba en ese momento. Junto al dibujo pone claramente que necesitaba dormir porque la noche pasada habíamos estado de fiesta.

Burgos es una ciudad donde he hecho muchas esperas, generalmente para cambiar del autobús al tren, o en los últimos viajes, cuando tuve que ir al Hospital del Rey por cuestiones académicas encaminadas a mi dedicación actual. En ese momento plasmado en el dibujo, en septiembre de 2005, me encontraba en una cafetería con una cristalera enorme en la Plaza Mayor de Burgos. Posiblemente estaba regresando a casa y tenía varias horas de espera. Si el viaje fuera al revés no me quedaba paseando por Burgos.

En abril de 2007 visité Granada. Es una ciudad que me decepcionó un poco, quizás por esa malafollá que caracteriza a los granadinos, pero también porque, dejando aparte la Alhambra, me resultó una ciudad muy tosca. 
El dibujo está hecho desde el mirador de San Nicolás, desde donde se puede ver el complejo de la Alhambra en una imagen preciosa. Para entonces, yo ya había visitado la Alhambra por dentro y me encontraba callejeando por el Albaicín. 

En el mismo viaje a Granada visité Córdoba, que me enamoró. No hace falta que recuerde que el día que conocí Córdoba era mi cumpleaños, aunque lo pone claramente en la foto. Y las llamadas no me dejaron disfrutar de la ciudad como me hubiera gustado. Dejando aparte este hecho, en cuanto pisé Córdoba me enamoré de la ciudad. Recuerdo Córdoba y me acuerdo del olor a azahar. Recuerdo Córdoba y recuerdo el cariño que desprenden sus gentes -buenos anfitriones donde los haya, claro que viniendo de Granada...-. Recuerdo Córdoba y la impresionante mezquita con su catedral dentro, y las gitanas vendiendo romero a las puertas de la mezquita, y el Guadalquivir... Córdoba es una ciudad que me tiene enamorada.

En febrero de 2005 visité París. Bien abrigada volé a Orly y me dejé llevar por la bohemia parisina. Cuando llegué al hotel y dejé la maleta tenía varias llamadas de un primo con el que me llevo muy bien. Como no podía obviar la llamada intermitente, tuve que responder. Resultó ser que él había ido de sorpresa a Salamanca y yo me encontraba en París, y nadie de mi familia sabía que yo estaba de viaje. Me vi obligada a decírselo. Malditas visitas sorpresa.

En julio de 2006 volé a Roma. No conocía nada de Italia y vine saciada de arte y pasta. Me enojó visitar los Museos Vaticanos, pero la ciudad me encantó. Me encontraba yo tomando un cappuccino junto al Coliseo y recuerdo que había un Escarabajo de color rojo aparcado junto a mí. No sabía si quería dibujar el Coliseo o el Escarabajo. 

Hay muchos dibujos más, pero no me apetece seguir esgrimiendo recuerdos, que se me pasa la hora de ir a dormir. Simplemente el recuerdo de la Selva Negra me ha llevado a ese cuaderno y el cuaderno me ha traído recuerdos. Es curioso cómo, a pesar de que pasa el tiempo, seguimos recordando con suficiente nitidez dónde nos encontrábamos en ciertos momentos. 
La cuestión es que me gusta dibujar edificios. Últimamente no dibujo muchos pero es cierto que si me voy de viaje suelo plasmar algo de lo que hay a mi alrededor. Ahora enseño a dibujar a mis pequeñas, y les enseño de una manera que ellas recuerden los trazos. He cambiado los edificios por animales y flores. Y adoro cuando me imitan.

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