
No hay nada como empezar el día y escuchar su voz, esa voz tan suave, tan sensual, que lleva a imaginar, que lleva a soñar...
No hay nada como acabar la mañana y volver a escuchar esa voz tan dulce.
No le he visto, quizás porque hoy ha sido un día movidito desde primera hora de la mañana. No hemos coincidido, aunque me hubiera gustado.
Y, sin embargo, le he escuchado, le he imaginado al otro lado guapísimo. Porque seguro que está guapísimo.
Es hora de marchar a casa.
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