
A cinco minutos de las siete he tenido una visita. Así que aún sigo en la oficina. Por un día que iba a marcharme a la hora, me encuentro que los minutos no pasan en balde y que son tres cuartos de hora más tarde.
Quizás termino de cerrar el ordenador y viene alguien más porque ve la luz. Anoche tenía el flexo y la puerta cerrada.
Me voy a pensar en él. A imaginarle. A quererle un poco más.
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