
Me asomo a la ventana y me acuerdo de su imagen perfecta, una imagen de la que emanan tal magia, tal bondad, tal magnificencia que a veces me faltan las palabras para describirlo.
Cada instante de él es único, porque las personas que son únicas sólo pueden brindarnos momentos únicos.
Él es esa persona especial a quien nunca me canso de mirar (ni de admirar). Es esa persona especial que hace que todo sea perfecto, que todo sea mejor. Es esa persona especial a quien nunca me canso de escuchar. Es esa persona especial de quien siempre se aprende algo.
Él es ese ángel cuya piel no me cansaría de besar, cuyo rostro no me cansaría de tocar; es ese ángel a quien nunca me cansaría de acariciar, ni de mirar. Para él siempre tendría una historia que contar. Me gustaría animarle cuando esté triste (aunque no recuerdo haberle visto nunca triste) y reírme con él cuando sonríe. Adoro verle sonreír. Y cuando le veo sonreír sé que está bien.
Es tan adorable que no puedo hacer otra cosa sino quererle.
Me caigo de sueño. Seguramente soñaré con él.
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