
Hace poco tuve una conversación con una persona que estaba sulfurada por todo, decepcionada con la gente. Me contaba sus experiencias con ciertos individuos que, después de un tiempo, le habían terminado decepcionando.
Yo me reía, aun a riesgo de que también se enfadara conmigo. Y él me miraba y me preguntaba: “¿De qué te ríes?”
Y le contesté: “Verás, es que la vida hay que tomársela con humor, debes disfrutarla y pasar más de la gente. La vida es demasiado corta para estar cabreado con ella”.
Es raro que yo, en mi actual estado de ánimo, dijera esas cosas. Quizás es que puedo seguir animando al resto de la gente, pero no encuentro un jarabe para hacerlo conmigo misma. Soy consciente que debería sonreír más aunque últimamente lo consigo a duras penas. Al menos sonrío más que hace mes y medio. Supongo que eso está bien. Sé que volverá a inundarme el humor que me ha caracterizado siempre, pero necesito tiempo.
Sólo sé que debería seguir los pasos de lo que le dije a mi amigo.
Yo no entendía que una persona pudiera estar tan enfadada con gente que, a la larga, se la iba a clavar a la espalda. No comprendía esa ira que albergaba su interior, cuando por nuestra vida pasa a diario tanta gente. Sólo importa conservar a todos aquellos que merecen la pena, que no son pocos.
Claro que hay cosas que duelen. Duele mucho perder a alguien, pero siempre llegará alguien para ocupar ese lugar cargado de una pena insólita, o al menos lo desplazará de tal manera que ni siquiera lleguemos a recordarlo.
Nuestra vida está en profundo cambio, por eso es necesario que estemos con los brazos abiertos a todo. No sabemos lo que nos puede deparar el mañana, pero al menos podemos enfrentarnos a él con una gran sonrisa.
Y lo reitero, no hay nada como tomarse la vida con humor, aunque nos cueste a veces. Si al final todo perece, ¿qué mejor que no pensar en aquello que nos entristece?
Yo me reía, aun a riesgo de que también se enfadara conmigo. Y él me miraba y me preguntaba: “¿De qué te ríes?”
Y le contesté: “Verás, es que la vida hay que tomársela con humor, debes disfrutarla y pasar más de la gente. La vida es demasiado corta para estar cabreado con ella”.
Es raro que yo, en mi actual estado de ánimo, dijera esas cosas. Quizás es que puedo seguir animando al resto de la gente, pero no encuentro un jarabe para hacerlo conmigo misma. Soy consciente que debería sonreír más aunque últimamente lo consigo a duras penas. Al menos sonrío más que hace mes y medio. Supongo que eso está bien. Sé que volverá a inundarme el humor que me ha caracterizado siempre, pero necesito tiempo.
Sólo sé que debería seguir los pasos de lo que le dije a mi amigo.
Yo no entendía que una persona pudiera estar tan enfadada con gente que, a la larga, se la iba a clavar a la espalda. No comprendía esa ira que albergaba su interior, cuando por nuestra vida pasa a diario tanta gente. Sólo importa conservar a todos aquellos que merecen la pena, que no son pocos.
Claro que hay cosas que duelen. Duele mucho perder a alguien, pero siempre llegará alguien para ocupar ese lugar cargado de una pena insólita, o al menos lo desplazará de tal manera que ni siquiera lleguemos a recordarlo.
Nuestra vida está en profundo cambio, por eso es necesario que estemos con los brazos abiertos a todo. No sabemos lo que nos puede deparar el mañana, pero al menos podemos enfrentarnos a él con una gran sonrisa.
Y lo reitero, no hay nada como tomarse la vida con humor, aunque nos cueste a veces. Si al final todo perece, ¿qué mejor que no pensar en aquello que nos entristece?
1 comentario:
Sí, es posible que tengas razón. Pero siempre es mejor tomárselo todo con la mejor disposición posible, al menos es lo que creo yo.
Si al final lo que tenga que pasar va a pasar, y no importa el medio.
Publicar un comentario